Aceptarnos a nosotros mismos

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 aceptarnos a nosotros mismos

Uno de los problemas del mundo en el que vivimos hoy en día es que estamos constantemente expuestos, ya sea por el uso que damos a las redes sociales o bien la importancia de la percepción de uno mismo en la sociedad o la misma necesidad de tener una buena y sólida imagen frente a otros, se trata de un problema muy común, saber aceptarnos por cómo somos y estar a gusto con nuestro cuerpo a medida que envejecemos es fundamental para una mente sana y estable. Hoy vamos a hablar de algo que nos afecta a todos, aceptarnos a nosotros mismos.

 

Los sociólogos reinciden en la importancia del grupo en cuanto a la percepción que tenemos como individuos. Es uno de los puntos básicos en los que nos agrupamos y sentimos cercanía con gente afín, muchos lo identifican con una identidad nacional, otros con una de clase social o estilo de vida así como gustos o hobbies (deporte, el anime, etc).

 

En ese sentido, al identificarnos en un grupo concreto nos damos cuenta que tenemos que cumplir una serie de requisitos que chocan con nuestro individualismo, lo cual vemos como un problema en vez de una oportunidad pero nos hacen sentir mal o negativamente. La clave, según los expertos, estaría en identificar estos impactos negativos y sobre todo de dónde vienen, ya que más que a nivel cultural, estamos hablando de personas, ¿quién me habla de manera negativa? ¿Por qué permito que esas personas me hagan daño?

 

En todas las relaciones sociales se establecen poderes ya sea de dominación, seguimiento o independencia. Si no nos sentimos bien con nosotros mismos y encontramos que esa negatividad viene reforzada por la percepción de otros sobre nosotros mismos quizás la opción no sea que cambiemos nosotros, sino que creemos una red cercana a nosotros en la que nos acepten por como somos, no como esperan que seamos. Esto puede resultar complejo de realizar si nos encontramos mal en un entorno de trabajo pero no debemos intentar fingir quien no somos sino esforzarnos por ser quien queremos ser, por tanto deshacerse de esas acciones que realizamos para amoldarnos mejor al grupo y que realmente no queremos hacer es un primer paso para nuestra propia aceptación.

 

Arrepentimientos del pasado

 

Otro de los puntos conflictivos con los que lidiamos día a día son las acciones que hemos hecho en el pasado. Quizás estés pensando en aquella vez que contestaste mal a tu jefe o que algún conflicto del pasado aún te perturbe al recordarlo y desees que jamás hubiese sucedido.

 

Los arrepentimientos que vienen del pasado pueden volver de vez en cuando para dañar nuestra psique, nos previenen de aceptarnos a nosotros mismos ya que tenemos miedo a repetir el error y sobre todo creemos que ese error tuvo una repercusión fundamental en la percepción de los demás sobre nosotros. “decir algo a alguien que no debías cuando llevabas varias copas encima” o “No haber acudido a una cita importante de la que te arrepientes” o sobre todo repetirte el mantra de que en aquella situación “podrías haber actuado de otro modo pero no lo hiciste” ya fuera por creer que fuese cobardía o miedo.

 

Estos hechos del pasado que recordamos nos impiden aceptarnos por cómo somos, el peso de los errores es mayor en unas personas que en otras, pero todos sabemos lo que son. Sin embargo, ya sean ticks de personalidad que creemos dan mala imagen o algo fortuíto, tenemos que aprender de ese error, hacer el esfuerzo de crecer y aceptar que no podemos cambiar el pasado. En el fondo se trata de adquirir una perspectiva más estoica respecto al pasado y al futuro. Con cada año crecemos y maduramos, adquirimos más experiencia y eso nos hace cambiar. Es posible que no tengas los mismos gustos que cuando eras adolescente y que por ejemplo, el tipo de música que escuchabas entonces te siga gustando más por melancolía y lo que te hace sentir que porque realmente te apetece.

 

Cuando recuerdes uno de estos momentos angustiosos piensa que ese hecho pertenece a un momento concreto de tu vida y que tomaste la decisión apropiada teniendo en cuenta el contexto personal y social que vivías en ese momento y parecía la opción que debías tomar.

 

“Fracasar es hermoso”

 

Esa frase la dijo en una entrevista el cineasta David Lynch en referencia a uno de sus fracasos cinematográficos de público y crítica, la película basada en la serie “Twin Peaks” que supuso el primer varapalo en la carrera del director. Recuerda que tras ese fracaso (que por cierto hoy en día es venerado como una cinta única) se encontraba en un momento triste en el que no veía mucha salida, sin embargo recapitulando años después reconoce que fue una de las mejores cosas que podían pasarle, ya que le permitió hacer otro tipo de cosas y ser más libre, ya que hasta entonces tenía mucha presión encima y sin embargo, si ese fracaso no hubiese sucedido no le habría llevado a otras situaciones que le hicieron, según cuenta, mucho más feliz con su vida personal y su legado cinematográfico por lo que el arrepentimiento inicial se convirtió en algo mucho más positivo al mirar atrás.

 

Lo mismo puedes aplicarlo a tu vida, seguramente te hayas arrepentido de dejar un trabajo y pensar que tu vida hubiese tenido un destino distinto, pero al pensar en qué hubiese sucedido si hubieras continuado en ese trabajo probablemente nunca habrías tenido la oportunidad de conocer a muchas de las personas que hoy en día llenan tu vida o bien jamás hubieses tenido la oportunidad de trabajar en otro lugar, etc. Tu vida sería distinta, pero tomaste esa decisión basada en lo que querías cambiar a tu alrededor, y sólo por eso el arrepentimiento no tiene lugar ahí ya que todo lo que te hace feliz hoy en día probablemente no existiría, por tanto, citando a Lynch y en contra de lo que la sociedad quiere que pienses, “fracasar es hermoso” porque te permite libertad y un nuevo inicio.

 

Aceptar nuestra edad

 

No podemos detener el paso del tiempo, tampoco solemos estar preparados para ello, de la misma manera que no lo estamos cuando nuestro cuerpo de niño se convierte en adolescente, al llegar a ciertas edades no sabemos cómo comportarnos o si deberíamos seguir haciendo las mismas cosas que nos hacían feliz hace años intentando encontrar de nuevo ese tiempo indeterminado en que creemos que fuimos felices.

 

La edad es un elemento fundamental a la hora de aceptarnos a nosotros mismos y aquí es nuestra sociedad la que determina en gran medida cómo nos vemos. Si la adolescencia y los “young adults” están continuamente en anuncios, televisión o internet es porque a nivel semántico están relacionados con el triunfo, la frescura, lo positivo, mientras que es más difícil encontrar impactos positivos sobre personas de la tercera edad, a las que es más fácil encuadrar en un grupo que “no importa” a nivel social, es decir, ya no trabajan y por tanto su impacto en la sociedad es inferior además de su aspecto no se asocia con ningún aspecto positivo.

 

Todo ello nos hace sentir mayores con cada año y a los cuarenta sentir que la parte más importante de nuestra vida ya ha pasado, un gran error que cometemos casi obligados por esa incómoda sensación que nos da la sociedad de la importancia de la carne fresca. Sin embargo, la realidad nos enseña todo lo contrario, la experiencia que adquirimos con la edad nos da también una seguridad extra, además, sabemos mejor lo que queremos por tanto debemos seguir lo que nos dice nuestro interior y ser acorde con nosotros, no con lo que los modelos de sociedad nos dicen que deberíamos ser.

 

Con esto queremos decir que la percepción dependiendo de nuestra edad es artificial. Por ejemplo hace años los videojuegos eran una industria dirigida casi en exclusiva a un perfil infantil. Aquellos adultos que jugaban a videojuegos eran vistos como frikis o niños atrapados en un cuerpo adulto, sin embargo la tendencia y percepción social ha cambiado a lo largo de los años, ¿significa que aquellos adultos que jugaban a los videojuegos son distintos a los de hoy? Más bien los de aquella época tendrían vergüenza de admitir su hobby, algo que hoy en día está masificado. Es sólo un simple ejemplo de cómo la percepción pública determina lo que tenemos o no tenemos que hacer dependiendo de nuestra edad. Desarraigarnos de ese concepto y ser fieles a nosotros mismos y lo que queremos es el primer paso para aceptarnos por cómo somos y madurar en un entorno sano en el que crecer felices.

 

 

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