El acoso escolar no es cosa de niños

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Partiendo de la base en que el acoso escolar ha existido siempre y es una de las mayores lacras que sufren los menores, pudiendo fácilmente derivar en problemas de autoestima o seguridad en la edad adulta, en los últimos años hemos visto un despertar mediático, que afortunadamente se ha dado cuenta del problema y está ayudando a desterrar el problema de las aulas del mundo.

¿Qué es el acoso escolar?

El acoso escolar, también conocido por su denominación inglesa “Bullying” consiste en un uso de la fuerza, amenazas, coacción, intimidación o agresión de alguien sobre otro. Se convierte en un comportamiento habitual y que se repite. Los acosadores suelen fijar un objetivo que destaque, ya sea porque éste no sea tan sociable como otros o bien parezca débil o tenga alguna particularidad (tener pecas, ser más bajo que el resto, ser pelirojo, etc), pero en el fondo cualquiera puede ser víctima de acoso.

Los menores viven en un microcosmos en el que cada uno intenta ocupar un lugar del mismo modo que los adultos intentamos encontrar nuestro sitio en el mundo. Para muchos ese es un tema de fuerza frente a otros, el intentar destacar siendo el más fuerte, por ello el acosador coge fuerza cuando el resto, ya sea por temor o por seguir al grupo, le ríen las gracias. A la víctima esto le genera una desconfianza social que, alargada en el tiempo puede generar problemas sociales en su edad adulta. Ese es el problema del acoso escolar, puede que la víctima sea consciente que no merece ese trato y sepa que vale mucho más de lo que le quieren hacer creer, pero por mucha confianza que se tenga en uno mismo esas voces no desaparecen en la vida adulta, años después de haber terminado el acoso, y siempre vuelven como un fantasma de un momento que debía haber sido de las mejores etapas de la vida.

El problema principal es que, hasta hace relativamente poco, unos treinta años, el acoso escolar apenas estaba reconocido como un gran problema en las escuelas, no se ponía la misma fuerza en detenerlo que en los últimos años, se pensaba que “son cosas de niños” o que bien se solucionarían por si mismas cuando crecieran, además a esto se suma en la actualidad el ciberacoso o el sexting en adolescentes. Pero el acoso escolar debe ser prevenido por otros medios, como los padres con la educación (pensar que la educación del menor depende sólo del colegio es uno de los mayores errores que cometen los padres), además de campañas de concienciación en colegios y televisión y posible terapia profesional.

¿Qué pueden hacer los menores contra el acosador?

Aunque es obvio que el acosador se refuerza por el sentimiento de apoyo del resto del grupo, no es fácil poner fin a esto, puede que los observadores se sientan intimidados o con miedo a ser los próximos, o simplemente quieran pertenecer al grupo acosador para sentirse más seguros. Cortar esos lazos es primordial, dejar al acosador sólo ante su acoso es el primer paso y se recomienda que, además de los menores, sean los adultos los que ayuden.

La víctima es, sin duda, la que tiene el papel más complicado, y aunque es recomendable intentar evitar cualquier conflicto, ignorar al acosador, aguantar la rabia, etc, en ocasiones no es posible, es por ello que contárselo a un adulto e intentar que éste haga algo es generalmente la mejor opción. El adulto debe acudir inmediatamente al lugar de estudios para que los responsables vigilen el comportamiento y pongan fin al acoso lo más rápido posible. También es recomendable charlar entre padres para atajar el problema.

Las cifras muestran que cerca del 10% de los menores sufre acoso, ante estas cifras, sólo queda unirse para acabar con esta lacra de una vez por todas.

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