Técnicas para medir los cambios de conducta en la infancia

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Medir los cambios de conducta en la infancia es fundamental. Los niños y niñas desde que nacen hasta el comienzo de la pubertad se encuentran en una etapa de constante aprendizaje y desarrollo.

Este aprendizaje continua a lo largo de toda la vida pero en la infancia se encuentran en una etapa de especial sensibilidad al entorno y plasticidad, para poder adquirir las capacidades personales, sociales, e intelectuales y llegar a desenvolverse con su entorno de una manera funcional y adecuada.

Además, los niños y niñas se encuentran en constante crecimiento, absorben el conocimiento que se les ofrece y procesan todo lo de su alrededor convirtiéndose en “pequeños investigadores y descubridores” del mundo, no sólo del mundo exterior, sino también de su propio mundo interior. Incluso los niños y niñas más pequeños/as, no son sólo meros observadores de lo que ocurre en su entorno, sino también a nivel proactivo. Se encuentran en constante interacción con su entorno y observando sus acciones y las consecuencias en el ambiente de estas, así como sus propias respuestas a los estímulos del ambiente. Y no sólo del ambiente.

De la misma forma, están experimentando sus primeras emociones, sentimientos y pensamientos, es decir descubren y aprenden también a relacionarse consigo mismos. Y por supuesto, en el periodo infantil tienen las primeras relaciones afectivas, no sólo con sus cuidadores y principales figuras de apego, sino también con otros adultos, y con sus iguales. Al estar descubriendo cómo actuar y expresarse, sus propios pensamientos, emociones y sentimientos, y a relacionarse con el mundo y con los demás, los niños y niñas pueden manifestar cambios en su conducta reflejo de su nivel de aprendizaje y madurez, y de sus habilidades para relacionarse con el mundo y consigo mismos.

Por otra parte, también pueden aparecer conductas problemáticas que pueden estar dificultando el adecuado desarrollo del niño/a, así como interfiriendo en los distintos ámbitos en los que se desenvuelve, familiar, social o escolar, que pudieran llegar en un extremo incluso a indicar problemas psicopatológicos, siendo muy importante evaluar estos cambios para poder realizar la intervención más adecuada para tratar estas conductas problemáticas.

Por estos motivos, existen estrategias para medir estos cambios de conducta en la infancia, desde los más técnicos que deben ser aplicados por profesionales, pasando por los que pueden ser utilizarlos en el día a día en el contexto natural del niño/a, aplicados por sus cuidadores principales, hasta los que pueden ser llevados a cabo por sí mismos/as cuando han alcanzado el grado de madurez y de capacidad de introspección necesario para la estrategia elegida.

Independientemente de su grado de formalidad y contexto de aplicación, para todos los métodos de medida se tiene que tener en cuenta los hitos evolutivos del desarrollo que marcarán el periodo temporal en el que el niño/a se encontraría preparado/a para desarrollar determinada conducta o habilidad, encontrándose conductas que se deberían ir presentando en menor medida o ausentarse completamente, así como los que marcan el periodo de adquisición de determinada capacidad o comportamiento adaptativo y necesario para cumplir con el desarrollo esperado para la edad o momento evolutivo del niño/a. Asimismo, es muy importante tener en cuenta el contexto en el que se están aplicando estas estrategias de medición de los cambios de conducta, y los ambientes en los que se manifiestan o no los problemas o conductas que queremos medir. Por ejemplo, no es lo mismo que el niño/a exprese una determinada conducta en el colegio con sus iguales, es decir al interactuar con sus compañeros/as, a si el contexto predominante en el que ocurre la conducta objeto de nuestra atención es el familiar mientras se encuentra en casa con sus padres.

También es importante tener en cuenta aquellos ambientes en los que no sucede la conducta o sucede en menor medida, para poder comparar y medir los cambios esperados tanto en una dirección como en otra, según se espere cambios en la ausencia o presencia o en el modo de expresión de la conducta que queramos medir.
Por otra parte, se debe tener siempre en cuenta el establecimiento de una línea base del comportamiento del niño/a que pretendemos evaluar. Es decir, se debe medir principalmente, entre otros aspectos que se consideren relevantes según el caso, la frecuencia con la qué ocurre, la intensidad con la que se manifiesta, la duración total de la conducta, si en el caso de que se haya expresado la conducta ha llegado a culminarse o no, el modo de expresión del comportamiento concreto, su grado de ajuste al contexto, si se da en presencia de otras personas o no, así como la situación o situaciones en las que se manifiesta y en las que no.

Una vez establecida la línea base de la conducta actual y sus parámetros, se deben realizar mediciones sucesivas con las técnicas elegidas, y así podremos comparar la línea base con las mediciones de la conducta o conductas objetivo que han sido medidas en distintos momentos temporales, y de esta forma obtendríamos la medida o medidas de las modificaciones en la conducta del niño/a.

A continuación, se exponen los principales tipos de técnicas para medir las modificaciones de conducta en los niños/as. Si bien es importante saber distinguir cuál sería la más adecuada según lo que necesitemos medir o nuestros objetivos, acudiendo a profesionales cuando sea necesario, la flexibilidad de las técnicas que lo permitan deja margen a la creatividad para conseguir la adaptación a las necesidades de cada niño/a concreto/a y las circunstancias que le rodean.

• Entrevista

Con el uso de esta técnica tratamos de recoger información obtenida directamente del relato del niño/a, haciéndole preguntas relacionadas con la conducta que queremos medir y las circunstancias y características de esta. Además, también puede llegar a permitir acceder al “comportamiento interno” del niño/a, es decir, a sus pensamientos, sentimientos y emociones, así como a otros aspectos que nos quiera contar el niño/a. La entrevista puede ser estructurada, es decir, las entrevistas en las que las preguntas están preestablecidas de antemano, así como no estructuradas, en las que las preguntas no están predeterminadas, sino que son abiertas y se ajustan al contenido de las respuestas o a la información que el entrevistador quiera obtener en el transcurso de la entrevista. En el punto intermedio se encontrarían entrevistas semiestructuradas, que pueden tener una guía previa de temas o preguntas abiertas a tratar, pero que a su vez pueden hacerse preguntas según la información que se vaya obteniendo en el desarrollo de la entrevista.

Hay que matizar, y esto va a depender del objetivo que tengamos, que aunque los propios padres o cuidadores principales así como los profesores del colegio y otras figuras adultas del entorno de confianza del niño/a, pueden utilizar esta técnica, preguntándole sobre lo que quieren saber y permitiendo que se exprese, las entrevistas con niños/as requieren de habilidades específicas para hacerla con garantías y obtener información fiable y veraz, como por ejemplo ajustarse al nivel de madurez del niño/a, realizar las preguntas de manera que no guíen su respuesta en la dirección sugerida en la pregunta, saber cerciorarnos de que nos está entendiendo y contestando a lo que realmente estamos preguntando, mantener su atención durante el desarrollo de la misma, o que no se sienta intimidado o inseguro durante la entrevista, lo que puede obstaculizar conseguir la información necesaria.

Por esta razón, cuando las circunstancias lo requieran según el alcance de las conductas o problemas comportamentales que queremos medir en el niño/a, sería necesario realizar una entrevista psicológica o clínica, siendo un profesional de salud mental o especialista el que entrevista al niño/a, poniendo en práctica sus conocimientos sobre psicología evolutiva y sus habilidades específicas de entrevista con menores, seleccionando el grado de estructuración que mejor se adapte a las necesidades de evaluación de la conducta del menor.

• Información de distintas fuentes

Es posible que en muchas ocasiones los niños/as no sean informadores muy fidedignos. Además, es muy importante la influencia de la estimulación ambiental y de las variables antecedentes y consecuentes de su conducta. Por ello, cuando tratamos con niños/as, es esencial obtener información de distintos ámbitos de su entorno, tanto por parte de sus padres y cuidadores principales, así como de sus profesores y de personas significativas del niño/a que formen parte de sus distintos ámbitos familiares, sociales o escolares.

También puede ser necesario para constatar esos cambios conductuales, la colaboración por parte de distintos profesionales. De esta forma, estos profesionales pueden entrevistar o aplicar las pruebas psicológicas que consideren, a los padres o cuidadores principales de forma conjunta preferentemente, o por separado, así como a los profesores si fuera necesario.

• Cuestionarios, inventarios y escalas

Aplicadas por los profesionales adecuados, estas pruebas psicológicas son instrumentos de medición de distintas variables, que constan de una serie de ítems o elementos preestablecidos que buscan obtener información objetiva y/o subjetiva (en cuanto a aquellas que incluyen preguntas acerca de estimaciones subjetivas como puede ser la intensidad o la gravedad de una conducta) sobre el factor o factores que queremos medir.

Pueden medir pensamientos, emociones, habilidades generales o específicas, aptitudes, conocimientos, rendimiento, intereses o preferencias, actitudes, así como variables de personalidad. Igualmente, se puede obtener información sobre la conducta del menor y sus parámetros, como su frecuencia de aparición, su intensidad, duración o la situación o situaciones en las que se presenta.

Pueden aplicarse directamente al menor, si están diseñadas y validadas para su nivel de desarrollo, o pueden estar destinadas a los adultos de los distintos ámbitos del menor, como los padres o cuidadores principales y profesores, para que indiquen qué conductas concretas aparecen y sus características.

• Técnicas de observación y registros

Se trata de la observación conductual directa en los distintos contextos en los que queremos observar la ocurrencia de la conducta o conductas que son objeto de nuestra medición, como puede ser en su casa o en el colegio. De esta forma, se obtiene información directa sobre los comportamientos objeto de observación y sus parámetros, así como sobre las contingencias ambientales que lo pueden estar manteniendo, realizando un registro de observación de lo que se ha establecido.

Puede ser en el propio contexto natural, y también puede realizarse en situaciones simuladas con mayor o menor grado de estructuración que intentan reproducir las circunstancias y conductas concretas similares a las que se darían en el contexto natural del niño/a. Puede ser realizada por los propios adultos al cuidado del niño/a, así como por profesionales cualificados, tanto en el contexto natural como simulado, imitando las condiciones naturales en la medida de lo posible, en la propia consulta, por ejemplo. Las medidas de observación pueden ser muy útiles para contrastar la información proveniente de las distintas fuentes.

• Autorregistros

También son medidas de observación, pero en este caso el observador se observa a sí mismo, y hace un registro de la variable que se quiere medir, así como de sus características y factores implicados, bien en el momento que ocurre, bien en un momento determinado del día. Se diseñan especialmente para un fin determinado o situación o situaciones concretas, según nuestros objetivos.

Se pueden plantear de distinta complejidad, pero siempre deben ser ajustados a las necesidades del niño/a y cerciorarnos de que ha entendido lo que pretendemos que registre. Sólo deben ser aplicados cuando el nivel de madurez y desarrollo del niño lo permita, puesto que, en edades muy tempranas, esta técnica puede ser inviable. Lo ideal es que al tratarse de niños/as sean simples y directos.

No obstante, conforme van creciendo y adquiriendo cierto nivel de madurez e introspección, sobre todo al acercarse a la adolescencia, el nivel de complejidad del autorregistro puede ser superior gradualmente, para poder obtener mayor cantidad de información. Los autorregistros pueden tratar sobre pensamientos, conductas, emociones o sentimientos y las variables relacionadas en las que se presentan.

• Técnicas de modificación de conducta

Estas técnicas basadas en la terapia de conducta, aunque son un modo de intervención, también pueden servirnos para observar la evolución de la conducta del niño/a según la frecuencia con la que se tengan que emplear. Por ejemplo, si nos proponemos que un niño/a diga menos palabrotas, y hemos establecido un castigo negativo como restar determinado tiempo de jugar a videojuegos cada vez que las diga, es posible que al principio la frecuencia del castigo negativo aplicado y tiempo restado sea mayor que en días posteriores, y, por lo tanto, querría decir que la conducta de decir palabrotas está apareciendo cada vez menos.

Lo mismo sucedería, con la aplicación de refuerzos positivos y otras técnicas conductuales como por ejemplo el tiempo fuera o la economía de fichas, pudiendo observar así según las aplicaciones de estas técnicas en distintos momentos temporales, las modificaciones en las conductas del niño/a para las que están destinadas. Aunque estas técnicas pueden ser aplicadas por padres o cuidadores principales y profesores, para utilizarlas con las máximas garantías, es conveniente que el diseño de intervención sea por parte de un profesional, así como contar con su asesoramiento.

Ahora que ya sabes posibles estrategias de medición de los cambios de conducta en los niños/as, ponlas en práctica, y cuando lo necesites, puedes buscar ayuda profesional, y el psicólogo/a o profesional indicado, podrá orientarte y establecer un plan de evaluación que seleccione o combine las distintas técnicas existentes de la manera más adecuada para medir las modificaciones de conducta del niño/a con fiabilidad en el cumplimiento de nuestros objetivos.

Autora: Gema María Campos Sánchez

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