Cómo identificar el déficit de atención e hiperactividad

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 Generalmente tendemos a pensar que el déficit de atención es un problema que se encuentra en niños / jóvenes, sin embargo se trata de un problema que si no se trata puede seguir con nosotros toda la vida.

También conocido como TDAH, existen varios tipos dependiendo de los síntomas que predominen en el sujeto. Si predomina el déficit de atención, la hiperactividad y la impulsividad o bien la combinación de algunas.

Como decimos, si no se trata, este trastorno puede durar toda la vida, haciéndoles imposible una vida tranquila al resultar sumamente complicado organizarse, mantener un empleo etc. Muchos adultos padecen de este problema sin saberlo, por ello se recomienda que si se muestra alguno de los síntomas se ponga en manos de un especialista.

De hecho, es muy problema que existan antecedentes de problemas académicos, laborales y sentimentales, ya que afecta a todos los ámbitos de la vida.

Cómo saber si alguien sufre de déficit de atención

Los síntomas suelen estar presentes en el niño / adolescente desde antes de los 7 años y persisten con los años y no se ubican en un único entorno, ya que entonces podríamos estar hablando de causas concretas, sino que se ubican en distintos habitáculos (casa, colegio etc).

Como hemos dicho anteriormente, se establecen en tres grupos distintos que catalogan los principales síntomas:

Problemas de atención: Si con frecuencia muestra dificultades para prestar atención, parece que no está escuchando o bien está “en su mundo”, si se distrae fácilmente, es desorganizado, no termina las tareas y le cuesta seguir órdenes, pérdida de objetos y sobre todo suele evitar actividades que requieren mucha atención.

Hiperactividad: Hace demasiadas cosas a la vez, no se está quieto, no sabe jugar de manera tranquila, tiene que estar en constante movimiento, no es capaz de focalizar la atención. En general es un comportamiento inquieto y que agota a los que rodea.

Impulsividad: Actúan y hablan sin pensar primero. Baja tolerancia a la frustración. Es muy impaciente, suele costarle esperar su turno, interrumpe a los demás e incluso responde antes de que haya terminado la pregunta.

Además, debido a este problema se suelen presentar problemas de aprendizaje relacionados. Por ejemplo si durante al menos 6 meses observamos problemas en una de las siguientes áreas: la lectura, la ortografía, la expresión escrita o dificultades en las matemáticas.

Cabe destacar que aunque suelen manifestarse en la edad escolar, pero pueden ser más evidentes en la edad adulta, en entornos laborales.

Estos síntomas no están asociados a discapacidad intelectual, problemas físicos (por ejemplo auditivos) ni  causados por estrés.

La intervención con mayor eficacia es la que combina el tratamiento del sujeto individualmente y en conjunto a sus padres con sesiones de entrenamiento basadas en una terapia cognitivo-conductual.

 Lo más importante es que aprenda a través de estas sesiones lo que es la autoregulación, control de impulsos además de un control de estudios para su mejora. En ese sentido debe acudir a un experto lo antes posible.

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