El mito de los condones semáforo y porqué no son una buena idea

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Es posible que hayáis oído en los últimos meses un nuevo invento relacionado con las ETS (Enfermedades de Transmisión Sexual). Concretamente un nuevo tipo de condones impregnados con moléculas capaces de identificar bacterias y virus que poseen específicamente las enfermedades de transmisión sexual y que al entrar en contacto con ellas harían cambiar de color al preservativo, de ahí el nombre popular que se les ha dado. Sin embargo ¿Es factible? Y sobre todo, en caso que llegase a ser una realidad ¿Es verdaderamente una buena idea?

 Hay que entender las bases del proyecto para darse cuenta que se trata de un prototipo diseñado por estudiantes para una feria de tecnología conocida en Reino Unido como TeenTech Award, que premian a proyectos de estudiantes adolescentes. Y es ahí donde más se entiende la falta de rigor en cuanto a investigación, pues han sido más los medios los que se han ocupado de dar visibilidad a este proyecto imposible que la propia ciencia. STEYE, que es así como se llama el invento, no tiene en cuenta en la ciencia existente de la detección de ITS.

 En la teoría, el látex cambiará a verde sí tuvo roces con clamidia, amarillo sí fue con herpes, azul para la sífilis y morado ante el HPV (virus del papiloma humano) que es el responsable del cáncer en el cuello del útero, ano y pene, entre otros males. (No detecta el VIH). Todo ello suponiendolas como pruebas rápidas de estas enfermedades. Pero hay un aspecto importante que no tiene en cuenta. En el mercado sólo existe una prueba rápida, la del VIH, que tarda unos 20 minutos en dar resultados.

 Además de no existir pruebas rápida, ni esta ni otras de laboratorio, permiten detectar varias enfermedades sexuales a la vez, es decir, que se necesita de una prueba ordinaria para ello que tarda varios días. Por todo ello, la idea de un condón que cambia de color al entrar en contacto con la piel es poco menos que un sueño utópico, al menos con la tecnología actual. El proyecto por tanto no tiene rigor científico y es únicamente una bonita idea cargada de un poco de investigación y mucho de pseudociencia.

¿Sería una buena idea?

 Aún así, pongamos el caso que fuese posible realizar una prueba rápida de todas las ETS, ¿De qué serviría? Hay que tener en cuenta las implicaciones que conllevaría a los hombres utilizar un condón de este tipo antes de realizar el acto sexual. Por un lado, el hecho de llevar condón implica una seguridad en cuanto a transmisión sexual muy alta, por lo que el hecho de detectar alguna enfermedad únicamente generaría una sensación de agobio y podría llevar incluso a practicar sexo sin condón para evitar malas vibraciones en caso que el sujeto sospechase tener algún tipo de ETS. Y eso sin tener en cuenta que en muchas ocasiones el acto sexual se realiza en momentos de ebriedad en los que no tenemos tanta conciencia sobre nuestros actos.

 Además, el hecho que estos jóvenes vean la solución sobre detección de enfermedades sexuales en un condón conlleva muchas implicaciones relacionadas con una pobre educación sexual y el tabú que estas encuentran todavía en la sociedad. Se tiende a considerar mal a alguien que tenga o haya tenido ETS, salvo que uno se mueva en un entorno que conozca éstas en profundidad. Lo necesario es dejar de estigmatizar a la población y dejar de tener miedo a hablar sobre estas enfermedades. Sólo si encontramos la forma en que la gente hable de ello sin pudor, será cuando podamos tener una mayor prevención, a través de la comunicación en pareja o con desconocidos.

Se trata de un tema importante, ya que la revelación de un estado serológico a tu pareja puede ser el detonante de un gran número de problemas verbales e internos. En definitiva “que te miren de otra manera”, un estigma que tenemos que luchar por aplacar, y la idea de descubrirlo a través de un condón que cambia de color es, cuanto menos, extravagante, aunque por otro lado dice mucho de la sociedad en que vivimos y su constante miedo a hablar de sexo.

 Si uno cree que puede tener algún tipo de infección o enfermedad de transmisión sexual, lo mejor es acudir al médico y realizar los análisis pertinentes para descartar. Además, se puede buscar la ayuda de un psicólogo a la hora de asesorar cómo contarlo a la pareja o bien si necesita algún tipo de ayuda para sobrellevar la ETS.

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