El Perfeccionismo

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La superación de uno mismo es conveniente sólo cuando no se convierte en una obsesión que pueda generar insatisfacción y frustración.

No es malo ser curioso, querer experimentar y tener voluntad de superarse en cualquier ámbito, pero el perfeccionismo excesivo resulta paralizante, ya que el temor a fracasar puede conducir a no intentar nada. Cuando una persona llega a esta situación, su perfeccionismo la mantiene paralizada ya que se compara continuamente con los demás llegando a entablar una competencia neurótica que la conduce a una ansiedad excesiva.

Ser el número uno en todo

Este imposible es, sin embargo, el afán de personas que no suelen estar satisfechas al cien por cien con nada de lo que hacen; siempre piensan que podrían haberlo hecho mejor. Así, y dado su excesivo nivel de exigencia, su medida siempre está por encima de lo que son capaces de hacer.

Para aprovechar sus efectos positivos

  • Acepta tus propias limitaciones. Fíjate metas y objetivos más modestos y realistas.
  • No olvides que eres un ser humano falible e imperfecto, es decir, con derecho a equivocarte, por lo que es absurdo exigirte una perfección total.
  • No te culpes cuando cometas un error. Más bien trata de aprender de los fallos cometidos para no volver a repetirlos en el futuro.
  • Piensa que no se puede ser el mejor en todos los ámbitos de la vida, basta con que te esfuerces en destacar en alguna faceta.
  • Valórate por el esfuerzo realizado según tus propias limitaciones, más que por los resultados obtenidos. Si te dejas llevar por un perfeccionismo excesivo, éste se convertirá en un tirano que te hará creer que tu valía está en función de las cosas que haces y no de lo que eres en realidad.
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