La gatoterapia existe, y puede ser muy beneficiosa

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 En el imaginario popular encontramos que las personas que viven en soledad suelen convivir con una gran cantidad de gatos. Sobre todo, ancianas solteras a las que se asume algo de locura por su excéntrica vida. Pero ¿Qué pasaría si os contamos que en realidad vivir con gatos puede ser, en su justa medida, bueno para la salud?

 Aunque parezca increíble, la gatoterapia existe y muchos expertos en el tema la consideran muy beneficiosa para la salud. En realidad, ya sabíamos que convivir con animales de compañía puede ayudarnos a mejorar la sociabilidad y combatir la soledad además de mejorar los niveles de estrés, sin embargo la gatoterapia, como su nombre indica, se centra en los felinos para combatir problemas muy concretos. Os contamos el que.

 Historia de los gatos

 Para entender nuestra relación con los gatos y lo que supone la gatoterapia es importante detenerse brevemente en su historia relacionada con la humanidad. 

 En las antiguas civilizaciones como la egipcia se les veneraba como protectores y seres que se encontraban a medio camino entre lo terrenal y lo sagrado. De hecho son tantos los siglos que los felinos nos han acompañado que se les considera, como a los perros, animales domésticos.

 Aun así, su relación con nosotros ha cambiado a lo largo de las épocas según las creencias. Hasta hace no pocos años se les consideraba compañeros de las brujas, aunque el origen de estas creencias tiene más que ver con la sociedad de la época, que juntaba valores machistas con las creencias populares. Aquí podéis leer el origen de esta curiosa creencia.

 Mascotas independientes

 Una de las mayores diferencias con los perros es la distancia que muestran respecto a sus amos, su comportamiento es a veces confuso ya que nos dan muestras de cariño para luego alejarse de nosotros y mostrar independencia.

 Los estudios realizados con animales demuestran que utilizar una serie de herramientas mientras se convive con una mascota puede ser muy beneficioso. No obstante, se recomiendan para niños con autismo y otras patologías similares.

 Sin embargo, la gatoterapia se centra principalmente en combatir la ansiedad y la depresión. La conexión entre los gatos y las personas ayuda a mejorar la calidad de vida sobre todo en sujetos que sufren algún tipo de cardiopatía y reduce las posibilidades de tener un infarto.

 El problema a priori es la autonomía de los felinos. Si bien los perros nos necesitan y creamos un vínculo de necesidad mutua, con los gatos ocurre algo distinto y su vínculo se relaciona más con el respeto. Esto tiene un punto positivo, y es que no tienes ninguna responsabilidad más allá de alimentarlo cada cierto tiempo (y sino, muy probablemente el felino busque por su cuenta), incluso hay ocasiones en que su independencia es tal que desaparecen varios días de casa para luego volver como si nada.

Cómo mejoran la ansiedad

 El estrés es uno de los males endémicos de nuestro tiempo. Quien más y quien menos sufre de ciertos niveles de estrés producidos tanto por trabajo como por su entorno social. 

 En ese contexto, acariciar un gato reduce el estrés y según numerosos estudios del tema, reducen la presión sanguínea y la frecuencia cardiaca, lo que se traduce en que acariciar nos relaja tanto como una sesión de yoga. Además el ronroneo que hacen cuando se encuentran a gusto nos genera bienestar y reciprocidad, algo que impacta directamente con nuestro estado de ánimo y seguridad en nosotros mismos.

 Otro de los aspectos que más destacan los expertos es su comportamiento. Ronronear, jugar o simplemente quedarse mirándonos son actividades que realizan sin que aparentemente tengamos que interactuar y sin embargo suponen un estímulo muy importante para pacientes que sufren de Alzheimer y muchos trastornos psíquico-emocionales.

 Si por ejemplo tenemos que estar convalecientes, el animal perfecto es el gato, ya que su simple presencia nos ayuda a combatir la soledad y reducir nuestros niveles de ansiedad. Además que a diferencia de un perro y como decíamos antes, se trata de animales muy independientes, con un sentido emocional muy similar al de los humanos, lo que hace que el tratamiento emocional con gatos tenga tanto éxito.

 Hay que tener en cuenta que la gatoterapia consiste en todo caso en una ayuda a enfermos de todas estas patologías que estamos comentando y que en ningún momento presupone ninguna cura, sino que aporta dosis de felicidad, interacción y cierta responsabilidad a aquellos que poseen un felino.

 El gato como ayuda psicológica

 Podemos concluir por tanto que la gatoterapia se centra en el gato como una parte esencial de nuestra mejora psíquica, no como una herramienta. La herramienta en este caso son las actividades que puede proponer un psicólogo de manera adjunta a la convivencia con el felino.

 En todo momento el gato puede decidir lo que quiere y no debemos obligarle, por ejemplo, a acariciarle si este no se encuentra a gusto. Del mismo modo, debemos tomar la compañía de un gato como una ayuda independiente a otros tratamientos pero que siempre va a suponer un aliciente positivo en nuestras vidas.

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