La psicología detrás de la queja y su espiral destructora

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¿Te quejas habitualmente sobre tu vida o lo que te rodea? ¿La gente de tu entorno suele mostrarse crítica ante su vida, trabajo, etc? Si has respondido a ambas preguntas afirmativamente es posible que hayas caído sin saberlo en una red propia de negatividad autodestructiva, y deberías salir de ella cuanto antes.

 Quejarse es una reacción muy humana y entendible. Si algo no nos gusta o bien no creemos justo, tiene lógica que mostremos animadversión. Es más, quejarse de vez en cuando por hechos puntuales es hasta saludable, ya que nos permite ventilar ideas negativas y deshacernos del estrés. Sin embargo, es muy fácil dejarse llevar a ese área en el que todo vale y criticar y quejarnos de todo lo que nos rodea, porque al fin y al cabo al hacerlo, echamos de alguna manera balones fuera pero además genera adicción, sobre todo cuando el grupo de gente que te rodea también muestra una tendencia similar o bien se une para criticar un mal común (algo que sobre todo se produce en ambientes laborales) que puede tener toda la razón del mundo, pero puede acabar convirtiéndose en algo tóxico.

Nos quejamos porque necesitamos exteriorizar todas esas emociones y pensamientos negativos. Al hacerlo, nos sentimos aliviados y es por ello que quejarse sienta tan bien, pensamos que nos va a hacer sentir mejor y a corto plazo así es. Por desgracia lo cierto es que nos cansamos de esa negatividad no sólo nosotros mismos sino también aquellos que nos rodean. Estar con alguien que no para de quejarse acaba siendo farragoso, nadie quiere aguantar las quejas de otros, ni siquiera nosotros mismos queremos aguantar las nuestras.

 De hecho, hay personas que utilizan la queja como medio para entablar empatía o sociabilidad. Como decimos, es muy habitual en ambientes laborales criticar a nuestro jefe o quejarnos de alguna de nuestras condiciones laborales, si los demás trabajadores opinan igual crearemos ciertos vínculos que además nos proporcionan el contexto idóneo de victimización para generar aún mayor empatía en nuestros compañeros. No es algo que se haga de manera consciente o racional, sino que hemos aprendido a relacionarnos de esta forma y en el pasado nos ha servido para sociabilizar. 

 Toda esta negatividad en realidad se nos va acumulando y acaba resultando tóxica, ya que por un lado tenemos un menor aguante hacia las críticas que van a nosotros, por otro sentimos que el mundo no es justo y nuestra manera de ver la vida nos pone constantemente en el lugar de víctima, un lugar poco proclive para el crecimiento personal o el éxito.

 Con nuestra conducta, cambiamos la forma en que pensamos

 Aunque lo normal sea pensar que actuamos conforme a cómo pensamos, lo cierto es que en gran medida pensamos conforme actuamos en situaciones. Es decir, podemos cambiar nuestra forma de pensar actuando de manera distinta. Cuanto más te quejas más alimentas a tu cerebro ante lo negativo y ya está predispuesto a reconocer todo lo malo, en cambio podemos cambiar nuestra actitud o intentar pasar por alto algunos pensamientos y enfocarnos en otras cosas de importancia que no tengan ese nivel de carga negativa. Por ejemplo, intentando no seguir el juego cuando alguien se queja sobre su pareja. Al hacer esto no nos dejamos guiar hacia la espiral destructora que nuestro interlocutor busca, ya que lo quiere principalmente es un aliado de cara a un enemigo final. Si se reconduce por otras vías (como poner de importancia que lo que esa persona necesita no es quejarse sino ver el mundo de otra manera), puede que hagamos que nuestro oyente piense que su problema no era tan importante y a la vez nosotros no nos dejamos llevar hacia ese lado oscuro que además, nos roba energía y sirve para bien poco.

 Por tanto, como muchas cosas en la vida, se trata de un tema de decisión. ¿Vas a quedarte ahí con esos pensamientos negativos o vas a intentar ser feliz y sacar tu mejor tú para tí y los que te rodean? Crearse una actitud activa y positiva ayudará a tu entorno a quejarse menos y evolucionar como tu. Está en ti decidir qué tipo de persona quieres ser y cómo quieres que te perciban.

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