Masculinidad tóxica: un reto a superar en el siglo XXI

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¿Qué significa ser hombre?”, es una pregunta  interesante que activa múltiples definiciones, significados y conceptos donde la cultura, las experiencias personales, la crianza y los estereotipos juegan un rol importante para poder responderla. Sin duda, es un interrogante que genera debate entre los diferentes puntos de vista, tanto teóricos como no, sobre lo que significa haber nacido hombre y cómo comportarse, a nivel social, familiar y personal, como uno. Desde las sociedades primitivas hemos vivido separados por nuestras diferencias sexuales biológicas, las cuales han sido el vehículo para la asignación de los distintos papeles asociados a los hombres y a las mujeres, construyendo así un sistema en donde aquello que es viril, varonil, dominante, poderoso, enérgico es masculino y “de hombres”, mientras que lo sensible, sumiso, emotivo, estético y frágil es “de mujeres” (Figueroa y Liendro, 1995; Hardy y Jiménez, 2001).

En la actualidad, y sobre todo en la cultura occidental, seguimos considerando como único este sistema, en el cual los niños deben, en todo momento, ser fuertes, demostrar poder, no expresar sus emociones y alejarse de todo aquello que sea catalogado como “femenino” por el miedo de ser visto socialmente como “menos hombre”. Así, sin darnos cuenta criamos a nuestros hijos dentro de un bucle de patrones, los cuales se han normalizado desde hace décadas, que dictan cuál es la manera correcta de ser un hombre en sociedad y así llegar a alcanzar lo que todo hombre debe alcanzar: respeto y dignidad (Charpentier, 2019).

¿Cuándo la masculinidad pasa a ser entonces tóxica?

Que te guste jugar al fútbol, a la playstation, que no te interese la estética o las artes, o que simplemente no te identifiques o gustes “las cosas de niñas” no te hace un hombre tóxico. Te conviertes en alguien tóxico cuando tienes la idea irracional que todos los hombres que están alrededor de ti deben seguir ese patrón y que aquellos que disfruten de otras actividades, como por ejemplo, bailar ballet (una actividad socialmente vista como femenina) sean perseguidos, humillados, discriminados y, en algunos casos, agredidos o peor.

Autores como Hardy y Jiménez (2001) afirman que a los niños desde muy pequeños se les educa para que sean fuertes e independientes, mientras que a las niñas se les enseña a ser obedientes, sumisas y a cumplir con las labores domésticas, las cuales no pueden ser llevadas a cabo por sus contrapartes masculinas porque “no es el deber ser”. Así, de generación en generación, se sigue transmitiendo los valores culturales de que el varón es quien tiene el poder y la niña debe mantenerse relegada en un segundo plano, es decir, se sigue promoviendo una visión de que la mujer representa el sexo débil y el hombre el sexo fuerte. Lo mencionado también puede manifestarse a través de la violencia, producto de ver a la feminidad y a la mujer, así como cualquier persona que se salga del sistema patriarcal, como algo inferior. Esta conducta muchas veces es una respuesta de ejercer dicha dominancia del hombre sobre la mujer (o del hombre sobre otros hombres) promoviendo y manteniendo en la sociedad comportamientos como el acoso sexual, las agresiones y violaciones sexuales (Charpentier, 2019).

¿Qué se puede hacer para cambiar?

Como anteriormente se ha expuesto, muchos hombres son criados con la idea de que jamás deben mostrar y expresar emociones porque sino serían entonces como las mujeres y eso no se puede permitir en una sociedad donde se debe alcanzar la posición del famoso “macho alfa”. La empatía y la compasión también se encuentran en el hombre y las mismas pueden desarrollarse de la misma manera que en las mujeres. Estas dos habilidades humanas fomentan las relaciones y los vínculos con los otros y nos hacen más vulnerables, y al ser más vulnerables podemos pedir ayuda cuando lo necesitamos.

En conclusión, es ineficaz castigar la expresión emocional en niños y reforzarla únicamente en niñas, puesto que el ser humano, independientemente de su sexo, es un ser emocional que experimenta y vive a partir de lo que siente frente a un estímulo o situación. Las emociones son básicas para crecer y relacionarse positivamente con los demás, además de que sirven como factores de protección para prevenir que las personas, sobre todo los hombres, se hundan en un fondo sin vacío llegando incluso a cometer el suicidio.

AUTOR:

Juan Pablo Perera

Referencias

 

Hardy, E., y Jiménez, A.L. (2001). Masculinidad y Género. Revista Cubana de Salud Pública, 27 (2), 77-88. Recuperado de: http://bvs.sld.cu/revistas/spu/vol27_2_01/spu01201.pdf

Charpentier, D. (16 de Febrero de 2019). Masculinidad tóxica: qué es y por qué hombres y mujeres debemos combatirla. Biobiochile. Recuperado de: https://www.biobiochile.cl/noticias/sociedad/debate/2019/02/16/masculinidad-toxica-que-es-y-por-que-hombres-y-mujeres-debemos-combatirla.shtml

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2 comentarios en “Masculinidad tóxica: un reto a superar en el siglo XXI”

  1. Excelente artículo Juan Pablo Perera Gomez, bien redactado y muy bien explicado, ayudando a desmitificar la figura masculina barriendo así estereotipos, los hombres son seres humanos, con sentimientos, miedos e inseguridades, igual que cualquier persona, igual que cualquier mujer, criar a los hijos, para que en el futuro sean “machos alfas”, es fomentar, de alguna manera la violencia de género!

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