¿Conoces el movimiento Slow?

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 Debido a la globalización y otros fenómenos relacionados con la velocidad en que vivimos día a día, nuestro organismo puede presentar síntomas de estrés, ansiedad e incluso depresión o soledad, especialmente si vivimos en una gran ciudad. Cada vez comemos peor debido a la fast food, consumimos los mismos productos en cadena y hacemos frente a una vida que se mueve cada vez más rápido. Frente a este hecho han surgido nuevas tendencias a contracorriente. Hoy vamos a hablaros de una de ellas; el movimiento SLOW.

 El movimiento Slow surge en Italia a finales de la década de los 80 cuando se propuso abrir un restaurante de la franquicia rápida Mcdonalds en la Piazza de Spagna, un enclave histórico de la capital italiana. Entonces advirtieron que los hábitos alimenticios de los europeos saludables como la dieta mediterránea comenzaban a imitar a los americanos con la adopción del fast food. Fue entonces cuando se plantó la semilla del movimiento Slow.

Se trata de un movimiento que no se limita únicamente a la comida y cuyo objetivo es calmar el ritmo acelerado de las ciudades para disfrutar plenamente del entorno, lo que a su vez influye en el universo personal de cada individuo y, según los amantes de este movimiento, nos revitaliza. Por tanto la base de este movimiento no es la pereza, sino la lentitud frente a un ritmo de vida rápido, imponiendo los hábitos de vida saludables como el yoga, la meditación, la comida casera o no industrial y también hábitos sociales como la moda (el slow fashion hace referencia a la preservación del retail o comercio de barrio frente a las grandes cadenas) e incluso la movilidad por las ciudades (cittaslow)

El mundo moderno puede conducirnos a un “fast lifestyle”, o en otras palabras, un ritmo de vida ajetreado basado en alcanzar la máxima eficiencia en el desarrollo de las actividades interpersonales en todos los ámbitos de la vida, destacando en el ámbito profesional. Por tanto no está de más atender a las doctrinas de este movimiento como algo positivo.

¿Qué motiva a un consumidor slow para elegir esa clase de productos?

 Como comentábamos antes, la globalización nos ha llevado a poder conseguir casi cualquier producto similar estés donde estés. Esta ventaja sin embargo presenta para mucha gente varios problemas, sin embargo vamos a enfocarnos en los hábitos de vida saludable para reducir el estrés y la ansiedad, que es el modelo que propone el movimiento Slow.

Hay modas relacionadas que surgen a raíz de este movimiento como la de la comida orgánica o el comercio justo, sin embargo en origen, lo que busca es simplemente volver a consumir creando nuestros propios platos, utilizando las “recetas de la abuela” etc. En general no estamos hablando únicamente de una mejora en la alimentación. El hecho de cocinar y crear nuestra propia comida, e incluso ropa si tenemos conocimientos básicos de costura, puede ayudar a reducir el estrés, sentirnos útiles y valiosos en nuestra vida personal. El principal objetivo, podríamos decir, es encontrar el bienestar de la forma que uno crea que mejor le conviene.

Otra faceta, quizás no tan conocida del movimiento Slow es el vitalismo personal. Pide resaltar y aprovechar cada momento de la vida, entrenar tu mente para saber adaptarse a los cambios que vienen. No se trata de una contradicción, sino de una forma de ver la vida desde un punto de vista relajado, personal e intentando llevar un ritmo propio.

Por otro lado, como en cualquier otro movimiento de cambio, existen una serie de inconvenientes. No es un método de vida que pueda extrapolarse a toda la población ya que muchas personas, especialmente en su trabajo, no pueden permitirse el lujo de ralentizar su ritmo de trabajo. Para ellos se necesitaría enfocar una solución personal basada en las características propias de esa persona. Aunque en sí mismo el movimiento no busca un rango de edad específico, parecer encontrar más su lugar en personas jóvenes que buscan lo orgánico, el comercio justo etc. Mientras que muchos otros han decidido unirse a este movimiento sólo por pertenencia social o bien por la buena acogida entre la opinión pública.

Aún con sus pros y contras, no hay duda que resulta interesante replantearse los hábitos de vida de vez en cuando. Hay veces que es mejor desconectar para ver las perspectivas de otra forma y así recargar las pilas para volver con más energías a la rutina diaria. O tal vez solo sea un llamamiento para que nos tomemos las cosas con más calma.

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