¿Por qué nos gusta pasar miedo?

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El miedo no es más que un deseo invertido” decía el poeta mexicano Amado Nervo. Uno de los sentimientos más primarios que lleva con nosotros desde el comienzo de la humanidad va intrínsecamente ligado a nuestro instinto de supervivencia, lo cual tiene bastante lógica. Entonces, ¿Por qué nos gusta pasar miedo en el cine o leyendo novelas de terror?

 Aunque hay mucha gente que no le encuentra la gracia a pasar miedo, lo cierto es que en un entorno controlado hay mucha gente que encuentra placer en el desasosiego y terror que produce observar o bien ser parte de una acción que genera incertidumbre.

 ¿Qué es el miedo?

 Antes de nada, el primer paso es describir y analizar qué es el miedo. La RAE lo define como la angustia a un daño real o imaginario, es decir, que se trata de un mecanismo de defensa biológico que nos advierte de un posible peligro. El problema es que si no se sabe gestionar, puede ser contraproducente en una situación de peligro real, dejándonos en shock.

 Nos produce miedo aquello que desconocemos o no podemos controlar, con lo que es normal sentir cierta angustia al cambiar de trabajo o bien hacer una actividad nueva ya que estamos adentrándonos en terrenos desconocidos.

 Pero volvamos al carácter hedonista del miedo. Si bien está en nuestra naturaleza como defensa, varios estudios afirman que lo que experimentamos al ver una película o videojuego de terror, o una casa del terror en un parque de atracciones tiene más que ver con una descarga de adrenalina más que con el miedo “per se”.

 El terror es una forma aceptable de observar o ser parte de actos no aceptados socialmente, lo que ya nos pone en predisposición a una experiencia cuanto menos catártica respecto a lo que vemos en nuestra realidad y además activa nuestras hormonas como el cortisol, la testosterona, la adrenalina a través de la angustia o la sensación de peligro en un entorno controlado como hablábamos anteriormente.

 Además de eso, los fans del terror tienen una mayor capacidad de abstracción de ciertas angustias, precisamente por esa pequeña catarsis que experimentan al pasar miedo. En otras palabras, cuando vemos películas solemos ponernos en las situaciones de los protagonistas e incluso preguntarnos internamente qué deben hacer. De alguna manera estamos ensayando escenarios de angustia, de ahí que varios estudios de EEUU y Dinamarca afirmen que los fans del terror han tenido menos problemas psicológicos a la hora de enfrentarse a la pandemia del covid-19. 

 Distintos tipos de terror

 Hay que distinguir entre los tipos de terror para entender cuál es el atractivo que encontramos en ellos. Por ejemplo, todo el género de vampiros se basa en la idea de la seducción y dejarnos llevar por el “eros”, perder el control de nuestro cuerpo de una manera física, representada en el mordisco y la sangre, una herencia victoriana que se encuentra en todas las historias de vampiros. La noche, los símbolos fálicos, el dejar entrar por las ventanas… Todo se resume en el erotismo, el deseo y fascinación en el observador / lector.

 Por otro lado otros géneros como el gore busca más romper con las reglas socialmente establecidas y ponernos en escenarios extremos, como en la saga “Saw”, cuyo éxito se basa casi exclusivamente en vernos en situaciones extremas y determinar cómo saldríamos de ellas. Por un lado tienen impacto en nuestra psique porque nos hacen pensar en resolver un enigma y nos ponen en el lugar de otro.

 Cómo experimentamos la sensación de miedo

 Al tratarse de una reacción psicológica, nuestra amígdala envía señales a nuestro organismo para prepararlo ante un estado de alerta. Es entonces cuando nuestro hipocampo interpreta si el peligro es real o no y de ahí la diferencia que experimentamos por lo general al ver una película de terror (excitación, adrenalina) a pasar miedo de verdad (sudoración, aumento de la frecuencia cardiaca y presión arterial, etc).

 Por tanto podemos decir que pasar miedo en un entorno controlado puede llegar a ser bueno para nosotros, a no ser que seamos personas que nos alteremos fácilmente ante estímulos externos.

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