La nostalgia nos puede beneficiar más de lo que crees

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 “Cualquier tiempo pasado fue mejor”. Una frase que hemos escuchado en algún momento de nuestra vida. La nostalgia es un sentimiento que refleja nuestros sentimientos respecto a un tiempo pasado, pero a la vez es un arma que utilizamos para defendernos emocionalmente. ¿Por qué esa sensación, a veces de pérdida, nos ayuda existencialmente?

 Basta con sacar un álbum fotográfico (o donde guardemos nuestro archivo de fotos digital) para evocar hechos que a veces olvidamos; esa ruta de senderismo que hicimos cuando teníamos 16 años, nuestro antiguo grupo de amigos, ese viaje que realizamos a un país exótico por primera vez… Todos estos recuerdos producen mella en nosotros de alguna forma y generalmente nos enternece o recordamos con cariño.

 A pesar de la creencia popular, la melancolía es una emoción primordialmente positiva. En ocasiones se relaciona con la depresión (antes de la década de los 60 se diagnosticaba “melancolía” como si fuese una afección. Generalmente nos retrotae a otras épocas que en nuestro presente ya están resueltas, es decir, que puede que no seamos conscientes de si lo pasamos bien o mal ya que sabemos cómo acabó esa historia, y de ahí viene la arquetípica frase con la que comenzábamos el artículo de “cualquier tiempo pasado fue mejor”, tendemos a idealizar el pasado porque no en él no existe la incertidumbre, sabemos el principio, nudo y desenlace de todo ello, incluso aunque sea amargo.

 En realidad, lo que la nostalgia nos supone un pequeño apoyo para el bienestar, nos reporta significado, en parte como si fuésemos los protagonistas de nuestra propia película, nos da una narrativa, pero además de eso nos permite recordar experiencias con las que afrontar los desafíos del futuro. 

 Por ejemplo en el entorno laboral, recordar nuestro primer trabajo nos puede ayudar a idealizarlo y de ahí a intentar transportar parte de esa experiencia a nuestro presente. Nos sirve como una reserva de emociones a la que acceder.

 El problema del apalancamiento

 Sin embargo hay una parte negativa y que suele producirse sobre todo cuando estamos en una etapa de nuestra vida en la que nos encontramos parados y sin muy bien a dónde dirigirnos.

 Ese estancamiento puede provocar un exceso de melancolía, hasta el punto de aferrarnos a ella en exceso y vivir nuestro día a día a base de recuerdos del pasado. Es lo que le sucedía al personaje Mss. Havisham de Grandes Esperanzas de Dickens, una anciana rica que fue abandonada de joven ante el altar e insiste en llevar su vestido de boda durante el resto de su vida en una mansión decrépita en la que alecciona a su hija con temor del mundo exterior y odio hacia el resto de la humanidad.

 Anclarse en el pasado puede suponer un gran problema a la hora de enfrentarse al día a día. Además el pensamiento recurrente de que ese pasado no volverá puede llegar a proporcionarnos más infelicidad que el de los propios recuerdos.

 Además, la nostalgia nos permite entender nuestra vida como una experiencia con significado. Aquellas personas más nostálgicas muestran un mayor apoyo a esta teoría y les permite afrontar la idea de la muerte como algo con sentido. Es decir, racionalizan a través de su narrativa interna la idea de la muerte como el final a su propia película, lo que les ayuda a tratarla de una manera más natural.

 Es, como insinuaba Virgina Woolf en sus novelas, un ejercicio de catarsis que permite liberarse del peso de la inevitabilidad de la muerte. En otras palabras, que nos aferramos más a la vida y la vivimos más plenamente cuando somos conscientes de ese final, que a veces vemos proyectado en otros, como ante la muerte de un ser querido. Ese ejercicio de nostalgia permite superar más suavemente una pérdida que atenernos a la irracionalidad de la muerte. 

La forma en que miramos atrás nos regenera

 Según los expertos en nostalgia y melancolía, cuando miramos hacia atrás, ya sea consciente o insconscientemente, lo hacemos por uno de los siguientes motivos: Rechazo (Sensaciones negativas e incluso de verguenza ante hechos que sucedieron o cómo nos comportamos al respecto), con Melancolía (Echando de menos acciones, personas o emociones que tuvimos) o a través del pensamiento contrafactural (el que nos permite imaginar cómo hubiese sido nuestra vida si en un momento dado hubiésemos tomado otro rumbo que se nos abrió y no cogimos).

 La nostalgía iría de la mano de la melancolía en ciertos puntos, pues se recrea en los puntos álgidos, momentos felices y hechos positivos, es por ello que, sobre todo ante momentos de soledad, nos aferremos a ellos. De la misma forma aquellas personas que están ante una situación de la que no saben salir pueden utilizar sus recuerdos como bálsamo de experiencia para saber cómo actuar. Sobre todo porque, como decíamos antes, el futuro es incierto.

Nostalgia histórica aprendida

 Hay otro tipo de nostalgia que podemos sentir y que sin embargo se basa en emociones o vivencias que no hemos experimentado. Se trata de un fenómeno que mezcla la memoria con la nostalgia como describe Woody Allen en su film “Medianoche en Paris”, en el que establece una ciudad que juega con una nostalgia que todos conocemos y sin embargo ninguno hemos vivido.

 Se trata ya no de idealizar nuestro pasado sino de idealizar el pasado en si mismo. Para el personaje protagonista ese pasado ideal es el Paris de los años 20 con figuras como Dalí o Hemingway paseándose por él en conversaciones mundanas pero llenas de existencialismo, son el ambiente de charleston y un modo de vida supuestamente más calmado.

 Lo que le sucede al protagonista es que ese viaje al pasado le permite identificar lo que le falta a su presente casi como si de una terapia psicológica se tratase. Se trata de un tipo de nostalgia llamado nostalgia histórica, el de que otras épocas fueron mejores. En el filme, y en nuestras vidas si lo analizamos detenidamente, utilizamos esa idealización del pasado como denegación de un presente que nos genera cierto dolor. 

 Nos impedimos disfrutar de las ventajas de vivir en un mundo como el nuestro pensando en un pasado casi onírico. Como ya hicieron durante el Renacimiento ensalzando la antigua civilización griega y romana. 

 Lo cierto es que, como al personaje de Medianoche en Paris, podemos canalizar nuestros problemas a través de la empatía histórica. Él conoce a una chica de los años veinte que idealiza el siglo XIX del mismo modo que él lo hace con esa otra época y no entiende cómo ésta puede no disfrutar de su época. 

 Del mismo modo, nosotros seremos algún día objeto de nostalgia. Quizás no durante una pandemia mundial pero si generalmente cuando el mundo cambie y no lo reconozcamos más, quizás entonces tengamos que volver a ese pasado para afrontar los problemas que afligen a nuestro presente.

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