¿Por qué debes ir al gimnasio aunque no quieras?

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 ¿Has tenido alguna vez el propósito de año nuevo de empezar a ir al gimnasio y luego no lo has hecho? ¿Piensas que deberías hacer más ejercicio? Quizás estás forzando tu voluntad a realizar algo que en realidad no quiere ya que física o psicológicamente no te sientes motivado. Pero ¿por qué es importante motivarte a tí mismo/a para ir al gimnasio?

 Es obvio que en nuestra sociedad impera un tipo de cuerpo modelo al que todos aspiramos hagamos para conseguirlo o no. Es un aprendizaje que hemos venido aprendiendo por vías tanto de entretenimiento (los protagonistas de las películas suelen ser atractivos y con buen cuerpo), como de informativos (las constantes informaciones sobre nuevas dietas), aunque no vamos a negar que es importante estar en forma y mantener un cuerpo saludable para evitar riesgos de salud. Lo que mucha gente obvia es que ese tiempo que empleamos en “obligarnos” a realizar esa dieta milagro o bien apuntarse al gimnasio también es salud. Tu nivel de estrés puede aumentar al ver que no estás consiguiendo lo que en un principio te habías propuesto (ir tres veces a la semana al gimnasio) y es fácil dejar de ir a la mínima de cambio.

Para intentar recuperar tu motivación prueba con esto:

1.Establece metas realistas

Uno de los momentos en los que las personas que intentan ir al gimnasio más fallan es a la hora de ponerse objetivos. Es muy fácil proponerse una cantidad desmesurada de metas a la hora de ir a hacer ejercicio y acabar dejando de ir en un par de semanas. Por ello es importante empezar con unas metas realistas y simples. Por ejemplo, correr media hora los primeros días y quizás hacer algún ejercicio bien de musculación o para flexionar tus músculos. Quizás media hora corriendo no sea gran cosa a priori, pero en poco menos de una semana tu cardio habrá mejorado y serás capaz de correr mucho más y más rápido.

Es por ello primordial establecerse unos objetivos acordes con uno mismo para empezar. También ayuda, por ejemplo, comprarse ropa deportiva y una mochila específica así como una cantimplora, aunque puedas acabar arrepintiéndote si luego no lo usas es una buena forma de “obligarte” si tanto te cuesta ir al “gym”.

2.Crea una nueva recompensa para cuando vayas

Tu cuerpo genera endorfinas al hacer ejercicio, una sustancia que te hace sentir mejor, similar a cuando comes tu plato favorito. Se trata de un sistema de recompensa orgánico que tenemos en nuestro cuerpo. Sin embargo las agujetas harán acto de presencia al día siguiente y serán tus peores enemigas para evitar que vayas. Aunque éstas desaparecerán una vez tu cuerpo se acostumbre al gimnasio, son uno de los principales motores que hacen que no vayas más a menudo en un principio.

Para ello, crea una recompensa por ir al gimnasio, pero una saludable, claro. Un sistema curioso, por ejemplo, es el de la comida. Puedes ponerte cada día dos opciones de comida, si vas al gimnasio una más apetitosa (pero de nuevo, saludable) y si no vas una barrita adelgazante. Si eres capaz de llevar a rajatabla este sistema tu cuerpo te pedirá más comida buena que barritas. Este ejemplo es extrapolable a otras cosas, como por ejemplo quedar con alguien después etc.

3.No vayas sólo/a si ves que no está funcionando

Si tienes problemas para convencerte a tí misma para ir al gimnasio, intenta a ir frecuentemente con alguien, un amigo hará que te cueste menos ir a hacer ejercicio y además muchos días “te obligará” mucho más que si vas por tu cuenta el hecho de tener otra persona que está haciendo lo mismo y con la que además puedes interactuar contándoos cómo ha ido el día o vuestros planes para el fin de semana por ejemplo. Todo son cosas positivas en este punto.
En definitiva, si quieres que ir al gimnasio se convierta en un hábito tienes que planteártelo internamente y valorar con realismo tus metas además de proponerte una serie de recompensas con tus objetivos cumplidos.

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