Cuando hay problemas de conducta en la infancia. ¿Cómo actuar?

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Durante la infancia la capacidad de asimilación de los niños y niñas es enorme y se encuentran en constante aprendizaje. Absorben todo lo que reciben de su alrededor y desarrollan sus habilidades y conocimientos para relacionarse consigo mismos y con el mundo.

No sólo aprenden destrezas como dibujar, leer o escribir, sino también están conociéndose a sí mismos y aprendiendo a relacionarse con el mundo y con las personas de su alrededor. En esa interacción con el mundo y con los demás, observan también como sus acciones tienen efectos en su ambiente, así como las conductas de los demás, sean de sus cuidadores o de sus iguales, tienen efectos en sí mismos o en el mundo. Y en esta interacción con su ambiente y todo lo que hay en él, también están aprendiendo habilidades sociales para relacionarse de forma adecuada, así como descubren la existencia de normas, límites y modos de actuar para llegar a relacionarse de manera adaptativa con el mundo que les rodea. En este proceso de aprendizaje también están aprendiendo determinadas cualidades como, por ejemplo, a aplazar las gratificaciones inmediatas, es decir, que no siempre van a poder conseguir lo que quieren cuando quieren, que existen ciertas tareas que deben realizar en su día a día para aumentar su autonomía personal y colaborar en casa o en la escuela, el modo idóneo de comportarse con los demás y captar su atención, que existen ciertas reglas para jugar con sus iguales, así como las consecuencias positivas o negativas de sus conductas. En definitiva, están aprendiendo a desenvolverse en los distintos ambientes en los que interactúan, y a convivir y aceptar a los demás, ajustando su conducta a las circunstancias de cada momento.

Al estar aprendiendo a sentir y a relacionarse con el mundo, una de las cosas primordiales que los padres y/o cuidadores principales y docentes deben tener en cuenta es que los niños y niñas pueden manifestar cambios en su conducta que puedan alertar de la existencia de problemas emocionales o conductuales, como por ejemplo cambios de humor o de conducta bruscos, no acordes a la situación, o que representan un cambio respecto a su forma previa de actuar, bajo rendimiento académico, desórdenes en su conducta alimentaria o en sus hábitos de sueño, manías o conductas obsesivas, conductas que expresen emociones hostiles, ansiedad, miedos desproporcionados a su edad, impulsividad, apatía o desinterés por su entorno o por determinadas actividades o estímulos, entre otras manifestaciones. Estos comportamientos problemáticos podrían clasificarse según sean problemas de externalización o de internalización. Las conductas problemáticas de externalización son aquellas que se manifiestan al interactuar con su entorno y suelen ser perjudiciales para los demás, como por ejemplo la hiperactividad o las conductas agresivas hacia su entorno.

En cambio, las conductas problemáticas de internalización son aquellas en las que el niño/a padece o experimenta gran malestar o sufrimiento, no siendo evidente o dañino para los demás, como por ejemplo la tristeza intensa o ansiedad. Igualmente, podrían presentarse formas mixtas en las que se observan ambos tipos de conductas problemáticas bien al mismo tiempo, o bien en distintos momentos temporales.

Estos problemas de conducta en la infancia pueden ser indicativo de problemas psicopatológicos de distinta gravedad. Por ello, para prevenir o tratar cuanto antes los problemas psicopatológicos en el niño/a, es muy importante que los cuidadores y profesionales de su entorno estén atentos a estos cambios en la forma de pensar, actuar y sentir del niño/a que observan en su día a día, e identifiquen estas señales de alerta, y de esta forma determinen la necesidad de intervención, y buscar a ayuda profesional si fuera preciso. En este sentido, los padres y cuidadores principales y docentes deben diferenciar las conductas que sí que serían disfuncionales y pueden reflejar una patología subyacente, de las modificaciones en su conducta propias de su desarrollo infantil, solicitando asesoramiento profesional en caso necesario.

Por otra parte, como decíamos anteriormente, en el proceso de aprendizaje del funcionamiento del mundo por parte del niño/a y en su interacción con los demás, puede haber problemas de conducta que, aunque no alcancen un grado patológico, se manifiesten al relacionarse con su entorno y obstaculicen la convivencia familiar, social y escolar, como pueden ser por ejemplo las rabietas, conductas de desobediencia a sus cuidadores, “desacuerdos” al jugar con sus iguales, o comportamientos problemáticos en la adquisición de normas o de hábitos funcionales de comportamiento en el ámbito personal, familiar y social. Además, aunque no sea la pretensión, puede suceder que en el intento de manejar estas manifestaciones problemáticas de los niños/as, los padres o cuidadores reaccionen de manera inapropiada, lo que desencadene a su vez otras conductas problemáticas en los niños/as, y se acaben estableciendo interacciones negativas y conflictos en la convivencia. En este sentido, en lo que se refiere a la interacción con los niños/as, es muy importante proporcionarles un ambiente tranquilo, y estimulante, reaccionando de manera ajustada a la conducta del niño/a, para que pueda aprender el funcionamiento del mundo que le rodea y las habilidades necesarias para relacionarse adecuadamente con su entorno.

Para conseguir este objetivo, tanto en la familia como en la escuela, existen diferentes estrategias que los padres y cuidadores principales, pueden poner en práctica para reaccionar de forma apropiada a los problemas de conducta del niño/a. Pueden ser utilizadas en su forma básica para lidiar con los problemas de conducta del niño/a en casa y en la escuela. Sin embargo, puesto que muchas de ellas son técnicas específicas que requieren de entrenamiento para su adecuada utilización y su aplicación en su forma más elaborada, lo idóneo sería emplearlas como parte de un plan de intervención. Asimismo, pueden ser recursos útiles, siempre que se ajusten a las necesidades de cada niño/a, que los padres, familiares, cuidadores y docentes pueden utilizar para que los niños/as puedan aprender a comportarse de forma adaptada a las circunstancias, desarrollando así formas de interacción positivas en los distintos ambientes en los que se desenvuelven.

➢ EJERCICIOS DE RELAJACIÓN.

Los niños y niñas suelen tener un alto nivel de energía, emociones y sentimientos que están descubriendo, y que tienen que ir aprendiendo a reconocer y manejar de manera adaptada a la situación y a sus propias necesidades. Existen diversos tipos de ejercicios de relajación como las que se basan en la respiración, realizada de una forma profunda y pausada, centrando su atención a las sensaciones que les producen en su cuerpo. También pueden consistir en la contracción y relajación de diferentes grupos musculares de forma secuencial, manteniendo su atención en lo que siente al tensionar y al relajar esas zonas musculares, a la vez que realizan respiraciones profundas. Otra forma, puede ser guiar su imaginación hacia un lugar seguro y reconfortante para el niño/niña. Además de para disminuir la tensión y ansiedad, son muy útiles para que puedan aprender a controlar su propia conducta y regular sus emociones.

➢ INSTRUCCIONES CONCRETAS Y EXACTAS.

Utiliza un lenguaje claro y sencillo, y ofrece instrucciones específicas cuando le pidas que realice alguna actividad o que cumpla con lo que le solicitas. Además, asegúrate de que ha entendido lo que le estás pidiendo y lo que tiene que hacer, preguntándole y diciéndole que te lo diga con sus propias palabras, por ejemplo, explícaselo de nuevo si es necesario y aclara todas sus dudas.
Asegúrate también de realizar peticiones ajustadas a su nivel de desarrollo.

➢ TÉCNICAS DE MODIFICACIÓN DE CONDUCTA.

Desde el modelo conductual, se han desarrollado distintas técnicas que buscan modificar la conducta, interviniendo en las contingencias ambientales. Es decir, intervienen sobre los estímulos del ambiente que inician o mantienen la conducta que queremos cambiar, bien sea sobre los estímulos antecedentes o consecuentes a la misma, para evitar que aparezca esta conducta y provocar que se presente la conducta adecuada que queremos conseguir. Las más importantes son:

-MODELADO.

En esta técnica el adulto actúa como modelo de aquellas conductas que se quieren instaurar en el repertorio conductual del niño/a, mientras este lo observa y lo imita después. Por ejemplo, si queremos que aprenda a hablar de manera calmada, el cuidador puede hacerlo de esta forma, y que el niño/a utilice también el mismo tono de voz pausado. También se puede modelar la expresión de emociones de forma ajustada a las circunstancias, demostrando primero el adulto la forma de hacerlo, e imitándolo el niño/a después.

-REFORZAMIENTO POSITIVO.

Consiste en la aplicación de un estímulo agradable o placentero sobre las conductas que queremos que presente de forma más frecuente, atendiéndoles y premiándoles por haberla realizado. Además, tiene la ventaja de que enseña al niño/a lo que sí hace bien. Los reforzadores pueden ser de muchos tipos como los elogios y reconocimientos, las muestras de afecto y atención, o los premios como juguetes o dulces. Por ejemplo, sonreír al niño/a cuando ha realizado sus tareas del colegio, aplaudirle cuando ha recogido sus cosas o elogiarle al conseguir algún logro. Estos refuerzos positivos también pueden consistir en favorecer que el niño/a realice alguna actividad agradable y divertida, cuando haya realizado la conducta deseada.

-REFORZAMIENTO NEGATIVO.

En este caso el refuerzo aplicado como consecuencia de la conducta que queremos instaurar consiste en suprimir un estímulo desagradable. Por ejemplo, si hace sus deberes a tiempo, le dejamos salir antes a jugar con sus amigos.

-EXTINCIÓN.

Consiste en quitar el refuerzo como consecuencia de la conducta que queremos que el niño/a deje de realizar. Esta técnica es muy útil para las rabietas, por ejemplo, y consistiría en este caso en ignorar las conductas que emite durante la rabieta, como el llanto o los gritos (siempre que no corra ningún riesgo el niño/a, garantizando en todo momento su seguridad). Puede pasar que al principio aumente la intensidad de las conductas no deseadas, pero si mantenemos la retirada del refuerzo, por ejemplo, de la atención, finalmente acabaría disminuyendo su frecuencia e intensidad hasta extinguirse la conducta que queremos eliminar.

– CASTIGO POSITIVO.

Se basa en aplicar un estímulo desagradable sobre la conducta no deseada para disminuir su frecuencia de aparición. Esta técnica debe ser empleada con responsabilidad y proporcionada, respetando en todo momento la seguridad del niño/a. Se debe evitar caer en dinámicas punitivas disfuncionales que acaben consiguiendo el efecto contrario, empeorando el conflicto.

El refuerzo positivo suele ser más útil, principalmente porque funciona aplicando estímulos agradables y muestra lo que sí hay que hacer. No obstante, en determinadas situaciones el castigo positivo puede ser también muy práctico. Es el caso de la SOBRECORRECCIÓN, que consiste en restaurar los efectos negativos de una conducta, hasta dejarla igual o en mejores condiciones que en la situación inicial. Por ejemplo, si el niño/a ha dejado todos sus juguetes desordenados en su habitación, le pedimos que recoja los juguetes desordenados de su habitación y del resto de la casa y los coloque en su sitio.

– CASTIGO NEGATIVO.

Se fundamenta en la retirada de un estímulo agradable como consecuencia de la conducta no deseada. TIEMPO FUERA, es una técnica especial de castigo negativo, que consiste en alejar al niño/a de una situación que le es agradable, y que se mantenga un tiempo en un sitio en el que no haya estímulos positivos ni entretenimientos (siendo este tiempo proporcional a la edad del niño/a). Por ejemplo, si el niño/a está en el patio jugando con sus compañeros/as con sus juguetes y grita a alguno de los niños/as o realiza alguna conducta no deseada, se le apartaría a un sitio durante unos minutos en el que no tuviera compañía ni juguetes.

– ECONOMÍA DE FICHAS.

Consiste en establecer un sistema en el que se refuerzan las conductas deseadas del niño/a cuando las realiza. De esta forma, puede ganar puntos o fichas como consecuencia de los comportamientos específicos deseados, y los pierde cuando realiza las conductas no deseadas.

Estos puntos o fichas las pueden canjear por recompensas mayores que han sido pactadas con antelación, así, por ejemplo, si consigue determinado número de fichas conseguirá un juguete o podrá realizar alguna actividad agradable.

➢ TÉCNICAS COGNITIVAS.

Su objetivo es la intervención sobre los procesos cognitivos o pensamientos, para así modificar el comportamiento.

– AUTOINSTRUCCIONES.

Se basa en la utilización de una serie de autoverbalizaciones internas a modo de instrucciones dirigidas hacia uno mismo, tanto antes, durante como después de la realización de una tarea, para guiar y controlar las conductas necesarias para cumplirla con éxito. Su entrenamiento consta de una serie de fases, que resumidas serían: la realización de la tarea por parte de un modelo mientras narra las instrucciones y acciones en voz alta, la ejecución por parte del niño/a de la tarea, primero siguiendo las instrucciones del modelo, mientras se dice sus propias autoverbalizaciones después, repitiéndolas en voz baja la siguiente, para finalmente realizar la tarea el niño/a por sí mismo/a mediante autoinstrucciones encubiertas. Para los más pequeños, el modelo o los pasos se pueden basar en animales y dibujos para hacerlo más entretenido.

– REESTRUCTURACIÓN COGNITIVA.

Sólo debe ser utilizada en niños/as que tienen capacidad crítica de sus propios pensamientos.
Consiste en realizar una serie de preguntas y respuestas al niño/a para modificar sus pensamientos disfuncionales que no se corresponden con la realidad y que generan las conductas inapropiadas, para sustituirlos por pensamientos alternativos funcionales.

Ahora que ya dispones del conocimiento de ciertas estrategias para tratar con los problemas de los niños/niñas, ponlas en práctica, y cuando lo necesites busca ayuda profesional, para establecer un plan de intervención que incluya el diseño y la forma más idónea de aplicar estas técnicas de manera adaptada al caso concreto y sus necesidades.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, recuerda siempre que es muy importante mantener la cooperación y comunicación entre la familia y la escuela, para educar con calidad y confianza.

Autora:

Gema María Campos Sánchez

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