¿Qué es el éxito?

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 A nivel profesional se trata de una aspiración que prácticamente todo el mundo tiene: conseguir el éxito. Todos lo queremos, no sólo sentirnos exitosos sino serlo a través de dinero, fama, relaciones importantes, educación o simplemente poder. Son muchos los caminos para el éxito, pero todos parecen llevar a lo mismo. ¿O es que estamos equivocados en la concepción de lo que es el éxito?

 Jim Rohn, un empresario americano muy conocido por sus discursos motivacionales explica “Si no diseñas un plan de vida propio, es muy posible que acabes en el plan de otro. Y por supuesto te puedes imaginar que en ese plan no hay grandes cosas para tí.” Como dice Rohn, la clave del éxito empieza por nuestra propia definición de lo que buscamos en la vida. Incluso aunque no sepamos lo que queremos tenemos unas metas medibles por lo general como ser felices o conseguir un estatus a lo largo de nuestra vida. Por tanto no se puede hablar de “éxito” como algo común, sino que cada persona tendrá su propia visión de lo que esto significa. Dicho esto, aquí están las bases para saber definirlo y, por tanto, conseguir el éxito, sea lo que sea lo que significa para nosotros.

El éxito como construcción sociológica.

No hay duda que desde pequeños aprendemos una serie de ideas relacionadas con el éxito y lo que significa, casi como si fuese la última meta vital a la que aspiramos, no en vano, el propio término viene del latín y significa “final”, de hecho, si nos fijamos, el idioma anglosajón cogió esta raíz del latin para su palabra “exit” que significa salida.

En general, ya sea conscientemente o no, cada persona que nos ha influido en nuestra vida tiene su propia visión de dónde encajamos y lo que tenemos que hacer, independientemente de lo que queramos. Muchas veces estos conceptos de otros se compenetran con los nuestros mientras que en otras están alejados de lo que queremos hacer en nuestra vida. Es muy importante contar con estas opiniones externas y valorarlas como tal, sin embargo no deberíamos adoptarlas sin más ya que nadie más que nosotros puede conocer, aunque sea muy en nuestro interior, lo que una buena vida significa.

Lo más fácil y repetido a lo largo de la historia es que el éxito se basa en obtener algo en particular; un trabajo o estatus social dominante o preferente respecto a otros, o bien directamente tener más dinero o poder que otros. En ese sentido, vemos el fracaso como algo descorazonador y que nos aleja de nuestros objetivos, sin embargo, según la mayoría de casos, el fracaso suele suponer nuevas puertas que se abren, o volver a un punto de inicio del que resurgir en otro ámbito. El director de cine David Lynch se sinceró respecto a algunos de sus fracasos en cine como la generalmente vapuleada versión cinematográfica de su serie, la película “Twin Peaks: Fuego camina conmigo” que de forma cuasi unánime se consideró una de las peores piezas que ha realizado y se le acusó de buscar el éxito económico debido al éxito de la serie en un film que desconcierta más que aclara nada. Ante este hecho él respondió: “Fracasar es realmente hermoso, antes no pensaba así pero en realidad te pone en una situación nueva de la que puedes sacar todo lo bueno de la etapa anterior para reconstruirte con nuevas ideas”.

Por tanto el éxito podría definirse como “obtener aquello que deseas” ya sea algo material o no, y en ese camino nos encontraremos con muchos momentos de fracasos que tomamos como fatales o bien nos culpamos, en lugar de ver la oportunidad en ellos, que según personalidades importantes y triunfadores, siempre la hay.
¿Se trata de un hecho social? No cabe duda que nuestra sociedad ve el éxito de manera distinta a la de otras potencias mundiales.

En el terreno de la educación, esta obsesión por ser los mejores ha llevado a un síndrome de “titulitis” que está por desgracia muy instalado en el sistema social español, muy de moda últimamente ante el caso Cifuentes.

Tanto en otras partes de Europa como, sobre todo, en Estados Unidos, la carrera profesional importa mucho más que ningún título, de manera que, por ejemplo, dentro del sector hotelero, es muy común encontrar a trabajadores que a base de gran esfuerzo han pasado de camareros a directores en relativamente poco tiempo. Este fenómeno se basa en la concepción de la sociedad y su herencia; EEUU era un terreno virgen mayoritariamente hasta parte del siglo XIX, lo que propició que la mayoría intentase mejorar profesionalmente en nuevas áreas, lo que llevó al conocido subtítulo de “tierra de oportunidades”. Este hecho sociológico lleva a una concepción del éxito muy distinta al europeo, mucho más clasista y basado en los títulos.

Por tanto podemos ver que el éxito es medido de maneras muy distintas a lo largo del mundo. Por ejemplo uno de los más laureados e interesantes es el del Reino de Bután, un pequeño país situado en las colinas del Himalaya que no mide su riqueza como el resto de países a nivel mundial, sino a través del Producto Interior Bruto sino de la Índice Nacional de Felicidad. Este índice mide indicadores muy distintos al de otros países, basados en la riqueza monetaria como factor clave, sino que incluye el bienestar psicológico, uso del tiempo, la cultura, salud general, educación y medioambiente así como corrupción gubernamental. Por tanto, según nuestros parámetros sobre lo que es el éxito en nuestra sociedad, este país quedaría relegado, sin embargo, es obvio que los parámetros que busca el éxito económico tiene como finalidad alcanzar una mayor felicidad, sólo que en Bután tienen otros parámetros para alcanzarla, probablemente más reales con lo que supone ser feliz.

Establecer nuestros objetivos y no los que otros quieren

En la búsqueda del éxito, sea cual sea el concepto de éxito que definamos, tenemos que ponernos nuestras propias metas y objetivos, no basándonos en lo que hemos oído o creemos sino en lo que nos ha hecho felices en el pasado; por eso, a muchas personas lo que les hace feliz es realizar actividades que beneficien a otros como un voluntariado; esto nos puede parecer algo para lo que no tenemos tiempo o que no necesitamos, sin embargo, las naciones de más éxito a nivel económico y de felicidad según los índices mundiales son los países nórdicos, que tienen muy integrado el voluntariado dentro de su rutina.

Para otros en cambio, la base de su felicidad puede basarse en elementos radicalmente opuestos; para muchos es el aislamiento, instalándose en un pequeño pueblo alejado del estrés de la ciudad o bien viajando y conociendo gente.

Por tanto el éxito está dentro de nosotros y nadie puede definirnos qué es el éxito más que nosotros mismos. ¿Y para vosotros, qué significa el éxito?.

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