¿Será posible dentro de poco editar nuestra memoria?

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 En la película de 2004 “Olvídate de mi” Jim Carrey acudía a una clínica de recuerdos para que le borrasen la memoria de un fracaso amoroso del que le es imposible pasar página. Aunque se trate de una película con elementos de ciencia ficción, lo cierto es que, según los progresos realizados día a día en el campo de la memoria, cada vez estamos más cerca de conseguir una especie de “edición de la memoria selectiva”. Los investigadores Elizabeth A. Phelps y Stefan G. Hofmann llevan años recopilando los avances

 En general, los estudios se centran en el hipocampo (que gestiona la memoria a corto plazo) y el trauma, poniendo énfasis en pacientes que han sufrido por algún tipo de pérdida o bien algún episodio que les obstaculiza en su vida diaria. 

 Lo cierto es que la terapia cognoscitiva ya se centra en ayudar a todo tipo de pacientes con traumas, fobias o problemas de cualquier tipo relacionados con la memoria, pero estas tecnologías podrían ayudar en cierto sentido a evitar la consolidación de los recuerdos en su fase más temprana, de manera que no se adheriesen a un tipo de comportamiento negativo a la larga. Es decir, cortar los elementos negativos por lo sano desde el principio o bien poco después de que se produzcan. En teoría mediante una variante de la estimulación cerebral profunda (utilizada en pacientes con problemas motrices como el parkinson) podríamos eliminar esos nuevos recuerdos.

 La forma en que la que se podrían “seguir” estos recuerdos únicos es mediante signos neuronales que sabemos que se producen cuando un sujeto recuerda algo. El problema es que no se trata de una sóla parte del cerebro la que se activa cuando aparecen estos recuerdos y, por tanto, es muy difícil identificar recuerdos concretos, sin embargo, el impacto de los recuerdos a corto plazo sí que son más rastreables, por tanto la técnica puede tener un futuro. No en vano, las investigaciones en roedores mediante inhibidores de proteínas indican que es posible prevenir a nivel químico los cambios necesarios para que los recuerdos se consoliden.

 Aún así, el hecho de poder identificar el rastro neuronal es un primer paso que, todavía en teoría, nos podría ofrecer esta tecnología para editar a nuestro gusto nuestros recuerdos y eliminar los más dolorosos. Además, el uso de inhibidores en humanos no ha tenido de momento resultados concluyentes.

 Pero el problema más allá de encontrar ese rastro que dejan los recuerdos es el de erradicar eventos traumáticos como puede ser un accidente; este altera nuestra percepción de maneras que van más allá del simple recuerdo, nos cambia emocionalmente, de ahí que alguna técnica que implique su eliminación podría jugar en demasía con nuestros sentimientos y quién sabe si no producirían una catarsis mucho peor, ya que implicaría al sujeto no entender ciertas emociones o sensaciones que experimenta, como pueden ser respuestas defensivas aprendidas (alterarse al oír una explosión por ejemplo).

 A pesar de todo esto, y aquí es donde entramos más de golpe en lo que se conoce como psicología tradicional, es la dialéctica de hasta qué punto la posibilidad de editar nuestros recuerdos no nos estaría quitando parte de nuestra esencia. Es decir, como sujetos, vamos creciendo en torno a estímulos y recuerdos que guardamos, ¿No es eso lo que nos hace ser quien somos hoy en día? Y para bien o para mal, debemos aprender a querernos por ello mismo, a sacar nuestro mejor yo en cada momento, y siempre será mejor una ayuda humana como un psicólogo, que una máquina que nos borre parte de lo que somos.

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