Si tienes hambre, no vayas de compras

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Es casi un hecho constatado que cuando tenemos hambre y vamos a comprar alimentos solemos comprar compulsivamente cosas que en realidad no queremos instigados por nuestra hambre. Pero ¿Afecta también a cuando voy de compras?

Cuando tenemos hambre, ya sea por la dieta o por cualquier razón, psicológicamente tenemos la necesidad de saciar ese ansia y cuando no podemos hacer tendemos a comportarnos de manera distinta. Un nuevo estudio, realizado por un grupo de psicólogos de la universidad de Minnesota parece haber encontrado correlación entre el hambre y comportamientos impulsivos, según este estudio, descubrieron que la necesidad por adquirir productos no alimenticios se dispara si no hemos comido.

Se trata de un instinto de supervivencia que al parecer, puede influir en nuestra toma de decisiones, si decidimos por ejemplo ir de compras, hay hasta un 60% de posibilidades que adquiramos productos no deseados. Se produce por la necesidad de cubrir el ansia instintivamente con cualquier cosa que se ponga por delante, siempre y cuando la cartera lo permita.

Los encargados de este experimento llevaron a cabo varios tipos de pruebas, un grupo que no había almorzado y un grupo de control que si lo había hecho, se les pidió a ambos grupos que categorizaran su hambre del 1 al 10 y se les pidió también que mostraran cuánto querían adquirir una serie de productos de diversa índole (comida, productos informáticos, ir a un spa, etc).

Los resultados de este estudio no dejan lugar a dudas; mientras que por un lado los deseos de adquirir productos no cambiaban demasiado antes y después de comer, aquellos que estaban hambrientos sí que demostraban un interés por adquirir más productos y su deseo después de haber comido se había desvanecido en la mayoría de casos lo que demuestra que una cosa es la intención y lo que queremos y otra es cómo nos comportamos o lo que hacemos.

Además el estudio también nos dice que el ansia depende directamente del grado de satisfacción que esos productos nos generan, es decir, nadie generalmente muestra interés por productos de papelería tipo una grapadora, sin embargo a los voluntarios que se sometieron al estudio que tenían hambre sí que parecían interesarles más que a los que habían comido. Por otro lado la compra de ropa fue el item que más aumentaba según el grado de hambre de los sujetos y sobre todo la cantidad comprada era mucho más alta que la del resto de items.

En definitiva, los resultados de este experimento son claros: los compradores que tienen hambre compraron más productos y gastaron más dinero que aquellos que ya habían comido. Estas tendencias en comportamiento son, a priori, irracionales, y despertó en los científicos la idea de que la motivación biológica como es la necesidad de alimentos conlleva un comportamiento que nada tiene que ver con la satisfacción del hambre, sino una satisfacción psicológica que momentáneamente se ve saciada por productos en general que no nos sacian más que la ansiedad psicológica generada por el hambre.

Por tanto, si normalmente no vas a comprar comida cuando tienes hambre para evitar comprar de más, quizás deberías hacer lo mismo cuando vas de compras en general.

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