Supera los baches de una relación

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Según datos del Instituto nacional de estadística, la tasa de divorcios aumenta de manera exponencial después del verano con su punto álgido antes de las fiestas navideñas. Hay varias razones para ello, desde el estrés postvacacional al propio clima, pero más allá de estos factores externos nos vamos a enfocar en los problemas de comunicación que son los “asesinos silenciosos” de las relaciones y cómo sobrellevarlos.

Ante todo hay que entender un que el tema básico de una relación sentimental es la comunicación y cómo percibimos las acciones y reacciones del cónyuge, pues esto determina cómo enfrentarnos ante una situación determinada. Para ello hemos reunido tres factores determinantes que pueden suceder en una relación y cómo sobrellevarlos para triunfar.

       1.No expresar nuestros sentimientos y por tanto, no cuidar de nuestro propio bienestar:

En la mayoría de ocasiones nos equivocamos al intentar salvar una relación dejando las cosas pasar para evitar conflictos. Es muy posible que nos sintamos mal con nosotros mismos por alguna razón y que temamos la reacción de la otra persona, de forma que a modo de defensa, enterramos cualquier problema que haya podido surgir para no complicarlo, pensando que pasará y se olvidará, sin embargo nuestra mente guarda estos sentimientos y los reprime, de manera que aumenta nuestra frustración y, lo peor, no soluciona ningún problema, ya que este resentimiento, tanto si se olvida como si no, quedará en nuestro organismo como mecanismo de defensa para la próxima ocasión que ocurra un conflicto y nos hará sentir peor con nosotros mismos, lo que también debilitará nuestra relación ya que los refuerzos positivos que se generan normalmente cuando estás con una pareja decrecerán y por tanto te irás sintiendo peor contigo mismo y lo peor, la otra persona podrá hacer menos por ti mismo. Al final por no contar conflictos ni hablar por tí mismo irás rompiendo tu propio bienestar y en casos graves puede llevar a la ruptura.

Cómo solucionarlo: Lo más importante es que hables y expreses lo que para tí es verdad, no significa que tengas razón o no, en muchas ocasiones al hablarlo te darás cuenta que los problemas no eran tan graves o bien verás la otra cara de la verdad y te darás cuenta que quizás lo que veías como obvio no lo es. Tu punto de vista y necesidades son igual de importantes que las del otro, no se trata de ser egoísta, sino que en una relación los dos deben estar al mismo nivel. Te recomendamos tres pasos:  Habla sobre tí mismo, mantente específico y enfréntate a las situaciones problemáticas tan pronto como surjan o en un espacio de tiempo no muy grande o aparecerán problemas de rencor, incluso si uno mismo se considera no rencoroso tu organismo guardará la información a modo de defensa para el próximo problema y eso sólo empeorará la situación.

  1. El culpabilizar al otro

Uno de los problemas más típicos de una relación cuando ya se han acumulado conflictos es la de culpabilizar al cónyuge, una reacción totalmente normal de nuestra mente al intentar desculpabilizarnos de un problema. Por supuesto uno mismo cree que tendrá la razón y aunque así sea, no se debe enfocar el problema en el otro, ya que estaremos sólo transfiriendo negatividad a nuestra pareja y a nosotros mismos en un impulso difícil de controlar. Es una reacción completamente normal sin embargo esta estrategia sólo crea separación y una comunicación agresiva puede además crear fallas casi imposibles de recuperar. La otra persona se sentirá triste, enfadada y sobre todo malinterpretado, lo que generará frustración y una visión negativa de la otra persona.

Cómo solucionarlo: Es importante que hables relajadamente y desde un punto de vista constructivo, es decir, al final lo que estás transmitiendo es tu punto de vista, incluso aunque creas decir toda la verdad, las formas son fundamentales. Por ejemplo, en lugar de “has llegado tarde, te da igual que haya estado esperando” puedes decir “estaba preocupado/a que hayas tardado tanto”. Intenta repetir con ejercicios de este estilo para una comunicacón fluida, ya que de la otra manera estás minando tu relación sin darte cuenta.

   3.Los celos

Los celos son uno de los factores más comunes en lo que a ruptura de una relación se refiere y también de los más agresivos. se trata de un sentimiento de angustia que proviene de la creencia de que sólo hay una porción de amor finita en las personas y que el cónyuge está depositando en otras, el sentimiento de amenaza refuerza que nos sintamos agredidos y por tanto enfadados en mayor o menor medida. Hay que puntualizar que en pequeñas dosis los celos no tienen porqué ser peligrosos y son naturales, pero cuando se sobrepasa un límite pueden ser muy perjudiciales tanto para ti como tu pareja, sean justificados o no.

Los patrones que más se repiten en las personas celosas es una baja autoestima, lo que les lleva a pensar que no valen lo suficiente y que su pareja estará buscando “algo mejor”. Los celos pueden provocar que uno se vuelva más controlador e ir acortando las libertades del otro, arruinando una relación.

Cómo solucionarlo: Lo más importante es reconocer que tengamos un problema, si tenemos razón en nuestras sospechas lo mejor en encararlo y preguntar como una persona adulta, abierta en la medida de lo posible a escuchar e intentando sostener la rabia interior. Aunque parezca una obviedad, lo habitual es el reproche y la mala comunicación, haciendo a la otra persona tener una mezcla entre culpabilidad y razón, ya que los celos no dan una imagen bonita y nuestro cónyuge empiece a pensar que lo mejor es no continuar la relación, lo que además reforzará nuestros malos sentimientos y al final ninguno de los dos saldrá ganando.

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