¿Por qué hay gente que cree en las teorías de conspiración?

| | ,

Extraterrestres ocultos entre nosotros, el verdadero asesinato de JFK, vacunas que generan cáncer, 11-S o los famosos chemtrails de los aviones que fumigan la población… Todos pertenecen al imaginario colectivo y se han hecho famosos precisamente por ser teorías de conspiración populares y casi parte de la cultura pop a pesar que la mayoría son fácilmente desmontables aplicando la lógica o los hechos. Pero ¿Por qué hay gente que cree en estas teorías de conspiración?

Aunque tengamos la imagen en la cabeza del típico chico raro que no acaba de encajar como la del típico conspiratorio, lo cierto es que hay mucha gente sin aparentes problemas sociales ni psíquicos que son fervientes creyentes de estas teorías. En general, los procesos que nos llevan a percibir las teorías como verdades son iguales para las noticias que vemos en televisión pero depende de nuestro carácter y nuestra ideología aceptarla más fácilmente o rechazarla en diversos grados. Los conspiracionistas tienen varias claves en común: por un lado necesitan sentirse únicos y diferentes, este hecho además es un factor clave en el hollywood de los 90, el chico raro que tiene la clave para salvar al mundo, en general se repite mucho en el storytelling postmoderno (tanto en películas como libros) con lo que estamos predispuestos a aceptar que a lo mejor la verdad se encuentra oculta por motivos políticos o económicos.

Por ejemplo, en un estudio realizado por el Political Research Quarterly en Estados Unidos sugiere que la gente cuyo candidato político pierde en unas elecciones tiene muchas más posibilidades de razonar esa pérdida a través de teorías conspiratorias.

Las teorías de la conspiración tienden a estar diseñadas de manera que se aprovechan de la manera en que procesamos la información; un ejemplo perfecto es el documental “Operación luna”, se trata de un documental emitido en el día de los inocentes de 2002 que supuestamente prueba con hechos muchos de las teorías más repetidas sobre las mentiras del alunizaje en 1969, al final de la misma nos explican que todo lo que nos han contado es falso, y lo han hecho alterando los hechos dándonos razones para desconfiar, por ejemplo, poniendo ante la cámara a supuestas eminencias en física o gente de la NASA contándonos que Stanley Kubrick estaba al mando (en aquella época se estrenó 2001: una odisea en el espacio) o explicando física de manera que encuentre sentido al discurso que se quiere dar, es decir; manipular la ciencia para dar a aquellas personas que desconocen física motivos para creer en la falsedad de lo que se alude.

Otro ejemplo muy típico es el de la teoría de explosiones de las torres gemelas (se dice que fueron explosivos colocados por el FBI y no los aviones que se estrellaron lo que hicieron que las torres cedieran); una teoría que todo arquitecto niega posible y tilda de alocada, pero que no impidió que varios gurús pseudocientíficos proclamaran su verdad, lo que hoy en día conocemos como “post verdad” o verdad falsa, cuya finalidad es instaurar una idea en la mente de la gente que los haga desconfiar del discurso oficial.

El culpable: nuestro cerebro

Nuestro cerebro ha evolucionado durante milenios enfrentándose a la muerte, por tanto, la paranoía está de alguna manera diluida dentro de nuestros instintos de supervivencia naturales. Por ejemplo al estar sólo en casa de noche y escuchar la madera crujir: nuestro cerebro interpreta una posible amenaza y genera miedo, incluso aunque intentemos mantenernos racionales y ver que no ha pasado nada, nuestro cerebro ya está en alerta.

Pero además de la paranoia uno de los elementos fundamentales para que creamos en las teorías de conspiración se encuentra en los patrones de significado, si se juntan una serie de hechos aparentemente no causales en común y generan una lógica para lo que queremos refutar, es posible que acabemos viendo cosas donde no las hay, que nuestro cerebro busque patrones que den sentido a una realidad que a lo mejor no la tiene, y es que a veces la realidad es mucho más compleja y casual de lo que creemos.

Además, nuestra visión del mundo es fundamental para cada uno de nosotros y normalmente, que nos digan que estamos equivocados no nos sienta nada bien y no nos genera motivación de intentar discernir si tenemos razón o no. Más bien al contrario; nos negamos ante la idea que estemos equivocados y nos refutamos nosotros mismos buscando información que avale nuestra idea y que demuestre en que tenemos razón, por tanto, buscamos ideas acordes con nuestra interpretación del mundo y gente que esté de acuerdo con nosotros, algo que Internet ha favorecido.

No es ninguna tontería, de hecho, hay teorías de conspiración para todo, incluso los que creen que la tierra es plana, si, no se trata de ninguna broma, son una asociación legal y extendida de gente que niega que la tierra sea un planeta redondo que gira en torno al sol sino una tabla plana de tierra y agua y dan sus explicaciones para ello.

En definitiva, es nuestro cerebro y la forma en que percibimos la realidad la que hace que tendamos a creer unas u otras teorías, aunque algunas son terriblemente descabelladas e ilógicas. ¿qué pensáis?

Anterior

Si tienes hambre, no vayas de compras

¿Tenemos control de lo que pensamos?

Siguiente

Deja un comentario