¿Tienes dependencia emocional?

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 Los seres humanos somos animales racionales y sociales, una de las bases de nuestra sociedad se basa en la comunicación entre nosotros. Más concretamente dentro del ámbito social, son las relaciones afectivas las que mayor peso tienen en nuestra salud psicológica y fisiológica. Cuando piensas inconscientemente que tu felicidad depende de una persona, un reconocimiento o alguna cosa, es posible que tengas dependencia emocional.

 Nos podríamos centrar en la parte de pareja, en la necesidad de contar con alguien para sentirnos llenos y ser felices, pero lo cierto es que es un tema extrapolable a otros ámbitos, pues hay dependencia emocional que se basa en la adquisición de cosas (la necesidad de comprar nuevos productos, etc). Sea cual sea el caso al que nos enfrentamos, es muy difícil poner fin a un hábito como este ya que parte de una malinterpretación de la base en que se rige nuestro mundo, la vida en pareja y la convivencia. Ser poco a poco más independiente conlleva tiempo y un entrenamiento psicológico.

1.Tu felicidad es responsabilidad tuya

Aquellas personas que no saben cuidar de sí mismos son más propensas a caer en la tentación de buscar a alguien que lleve a cabo esas tareas por ellos. No importa lo mucho que quieras a alguien o lo enamorado/a que estés, no se trata de querer más o menos, sino de contar con tus propios recursos y confiar en uno mismo de manera que no estés escondiendo tus debilidades en un segundo plano y las escondas en tu entrega al amor.

Nadie va a buscar la felicidad por tí, eso es algo que se supone claro y obvio pero que las personas dependientes suelen olvidar. También el hecho de que ellas son en sí mismas víctimas y verdugos, pues por un lado sufren por lo que ellas consideran falta de atención entre otros problemas mientras que a la vez presionan a su pareja pudiendo llegar a extremos de acoso. Para ello, es importante diferenciar entre tus necesidades con las responsabilidades de la otra persona, pues esas necesidades son responsabilidad tuya únicamente.

Las parejas codependientes se sumen en una rutina en la cual ambos se retroalimentan en un principio se puede entender como una llamada de atención del uno al otro, si se lleva al extremo se cierne sobre ellos el aislamiento y, sobre todo, el peligro de convertirse en una relación tóxica en la que ambos se hacen daño y se vengan.

2.La madurez como cura

Si nos intentamos evaluar a nosotros mismos nos daremos cuenta que el comportamiento que suele llevar asociado la dependencia emocional es similar a la de los niños con sus padres, ese sentimiento de “necesidad” para sobrevivir puede tener su origen en un mal paso de la infancia a la adultez o, en otras palabras, la falta de maduración emocional.

A pesar de ello, darse cuenta de ésto conlleva mucho esfuerzo, pues a nadie le gusta pensar que se está comportando como un niño y, más aún, aceptarlo. La terapia puede ayudar en estos casos y compararla con situaciones similares nos ayudará a pensar en qué hechos o situaciones hacen que aparezcan los momentos más difíciles de esta dependencia.

3.Evitar la impulsividad

Aunque no todas las personas con dependencia emocional son impulsivas, hay muchas formas en las que esta impulsividad hace mella en el organismo. Es normal querer obtener algo, normalmente la felicidad es la meta que se busca, cuando nos gusta alguien hay varios procesos que se generan en nuestra mente. Las primeras fases de una relación siempre son las más fuertes.

Al principio, la pareja pasa por una fase conocida como “luna de miel” todo se ve con optimismo y excitación mientras que cuanto más tiempo pasa los sentimientos se asientan y la estabilidad se establece como uno de los pilares básicos de toda relación. Es en ese momento donde los problemas de dependencia aparecen, puede que se esté buscando volver al momento de constante excitación y contacto, a la fase de “luna de miel” y que se llegue a pensar que no se puede ser feliz sin volver a esa fase, para ello aparecen una serie de impulsos que nos llevan a actuar de manera injusta o metiéndonos de lleno en la privacidad de nuestra pareja ya que nos creemos con derecho a ello.

4.Reconocer el problema

Como ya hemos comentado anteriormente, tenemos que darnos cuenta del problema y ser conscientes de ello para encontrar una solución. Conviene que hagamos una autoevaluación de nosotros mismos e intentemos ser lo más objetivo y sinceros con nosotros mismos.

Un método muy sencillo para realizar esta prueba es ver una situación y nuestra reacción imaginandolo en otras personas ¿qué pensaríamos de ellos? es posible que aun así nuestra conciencia nos ciegue e intentemos defender sus acciones pero con entrenamiento y repetición podremos ver si corremos el riesgo de ser dependientes. Conviene pedir ayuda a un psicólogo especialista para que te aconseje la mejor forma de proseguir.

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