Estamos a punto de llegar al “Valle Inquietante”

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 Puede que hayamos oído hablar últimamente del término “Valle inquietante”. Se trata de una toponimia que hace referencia a la empatía humana respecto a la robótica y las imágenes generadas por ordenador, cuanto más parecido con las personas tienen las máquinas, la empatía decrece hasta formar un “valle” como podemos observar en la gráfica inferior. En otras palabras, es el miedo a lo que parece humano.

Este valle representa las sensaciones que nos genera en los humanos el observar un elemento sin vida que pretende imitarla. En varios ensayos se comparan con los sentimientos que tenemos al observar un cadáver o una mano prostética y la empatía que nos genera.

 Como podemos observar en el gráfico, los robots humanoides, tìpicos de los 90, nos resultaban divertidos, tiernos e interesantes, como muestra que la línea discontinua vaya subiendo en cuanto a familiaridad.

 Sin embargo, la familiaridad llega a un punto en el que la empatía cae drásticamente, principalmente porque no sabemos si lo que estamos observando es real, robótica u otra cosa, de ahí que el observar un cadáver genere una sensación empática similar a la de un robot humanoide muy realista.

Se estima que la próxima década los gráficos por ordenador y la robótica alcancen este valle. De hecho los expertos aseguran que estamos casi a mitad de la curva dentro del valle inquietante, y que la calidad de la robótica y el CGI (Gráficos por ordenador) se dupliquen año a año.

 Todo esto nos lleva a pensar en continuas innovaciones que nos llevarán más allá del  “Valle inquietante” o “Uncanny valley” hasta un momento en el que, quién sabe, quizás como en el gráfico, veamos personas que son en realidad replicantes como en la famosa película “Blade Runner”.

¿Qué implica esto en psicología?

Las connotaciones psicológica que implica sumergirnos en este tema son múltiples y de difícil relación. Por un lado, tenemos el rechazo que nos genera cualquier representación humana que no esté conseguida a un 90-95%.

 Como ejemplo de esto sólo hay que buscar en Google “robot que emula rasgos humanos” para ver unos cuantos ejemplos. Sentimos rechazo a lo desconocido que nos imita, como en la película “La invasión de los ultracuerpos”, es un miedo primordial y no racional que se apodera de nosotros.

 Además del miedo psicológico también encontramos un miedo físico, una sensación de peligro ante algo tangente. Por ejemplo: No nos importa hablar con un asistente de voz como Alexa y pedirle 1001 tareas diferentes, la cosa cambiaría si Alexa fuese un robot de aspecto parecido a nosotros con unas capacidades físicas similares.

 No en vano como podemos comprobar en el gráfico antes expuesto, la sensación que tendremos al ver un ser robótico humanoide será similar a la de observar un cadáver. Algo que se irá superando conforme más parecidos sean a nosotros hasta que no notemos la diferencia. Por tanto la fase de rechazo durará dependiendo lo que la tecnología evolucione.

 ¿Por qué nos genera rechazo?

 Hay varios puntos claves en psicología por los que podemos racionalizar este rechazo que nos provoca estos replicantes no del todo pulidos.

La neurocientífica Thalia Wheatley estudia sobre estar aversión a lo diferente como un mecanismo de defensa que tenemos ante la enfermedad o muerte. Es decir, tendemos a asociar rasgos diferentes (por ejemplo una persona con la mandíbula caída) con una enfermedad o algo negativo y es el mismo mecanismo que entraría en juego aquí.

Otra teoría es la de sorites, cuando nos hacemos preguntas vagas sobre conceptos abstractos ¿En qué momento un montón de arena deja de serlo cuando se van quitando granos?.

Aplicado al valle inquietante además del concepto filosófico, podemos aplicarlo a la forma en que recomponemos el mundo si lo juntamos con la pareidolia (recomponer formas según nuestra experiencia, como cuando vemos formas en las nubes).

 Por ejemplo, cuando vemos una imagen pixelada, recomponemos en nuestra cabeza la forma genérica, dónde están los ojos, la boca etc. Incluso sin verla realmente o saber si estamos mirando realmente una cara, nuestro cerebro está acostumbrado a recomponer caras u objetos en base a la experiencia previa, por tanto, al observar una cara casi humana pero de latex u otro material, hay una sensación inconclusa, de miedo a lo desconocido y de imposibilidad de determinar si es o no humana.

Inteligencia artificial, deep fakes (determinar qué es real y qué no)

Una de las características más importantes a tener en cuenta es la IA, y es que no estamos hablando de cuerpos símiles como pueden ser las muñecas hinchables, sino verdaderos replicantes que en un futuro próximo tendrán una CPU capaz de resolver algoritmos y generar pensamiento abstracto, es decir, que puedan formular sus propias ideas en base a una programación.

 Además de esto y relacionado con el valle inquietante están los deep fakes que empiezan a inundar la red. Los deep fakes son mecanismos de Inteligencia artificial que pervierten un material original, pudiendo generar una obra modificada con aspecto realista.

Para entenderlo mejor podemos fijarnos en los programas de generación de caras fotorealistas que empiezan a surgir, caras humanas que ya son imposibles de distinguir de una falsa.

 O programas que permiten sustituir una cara en cualquier vídeo por el de otra persona (como el famoso programa que integra a Nicolas Cage en cualquier película de la historia del cine, permitiendo flexibilidad gesticular foto realista a priori imposible de identificar como deep fake).

 Estamos en una época extraña, en la que hay implicaciones peligrosas de las fake news como usarlas con fines políticos, en seguridad o a nivel empresarial.

Por ejemplo, resulta relativamente sencillo con los programas adecuados retocar el movimiento bucal de una grabación por videoconferencia de nuestro jefe para decir lo que nosotros queramos con su propia voz gracias a generadores de voz que utilizan el timbre original para generar su propio discurso sincronizado con el movimiento labial.

Nuevos comportamientos humanos

 Aunque es difícil determinar cómo la robótica, la IA y los videojuegos van a influenciar nuestra forma de ver el mundo. Es importante destacar que estamos ante un nuevo umbral en psicología en lo que se refiere a cómo interactuaremos con ellos y cómo nos comportaremos. 

 Por ejemplo, han surgido ideas respecto a cómo nos comportaremos con estos seres que consideramos innertes, y es que sería muy fácil poder descargar por ejemplo nuestra ira con ellos sin connotaciones éticas o morales, del mismo modo que implican cosificar del todo el cuerpo humano, sobre todo si se utilizan para relaciones sexuales.

 Aunque por otro lado pueden suponer todo un oasis de calma a muchas personas solitarias que necesitan compañía. No en vano, Alexa, el asistente de voz de Amazon, ya ayuda según diversos estudios a la soledad y aislamiento. Imaginemos que este asistente es una réplica muy fiel a un ser humano y que parece tener sentimientos.

 Las implicaciones que esto implica son enormes desde la psicología. ¿Sentiremos que nuestros sentimientos son falsos por estar dirigidos a una máquina o abrazaremos este umbral de psicología como un novedad?

 

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