Cosas que creías que eran verdad pero son mentira

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 Muchas veces cuando conversamos con amigos puede que alguien comente algún hecho que todos damos por cierto porque nos lo han repetido en numerosas ocasiones pero no son verdad, por ejemplo que la muralla china se ve desde el espacio. Lo cierto es que estamos rodeados de mentiras que creemos verdad porque las hemos oído muchas veces pero son mentira.

 Por eso hoy vamos a derribar algunos mitos sobre la mente, especialmente en temas psicológicos en los que cada uno somos un mundo aparte y tenemos nuestra propia visión de las cosas. Hay que destacar que todos los mitos tienen un origen en el que por alguna razón se empezó a repetir, lo que no les hace ni por asomo un poquito más verdaderos.

Sólo usamos el 10% de nuestro cerebro.

Aunque se trata de un mito y una mentira que se conoce desde hace años, no se conoce el origen de tal afirmación aunque se considera que nació en algún momento de principios del siglo XX, cuando la psicología empezaba una particular revolución en la que numerosas ideas se extendían. Por alguna razón, esta se quedó con nosotros. 

 No en vano, es una idea muy bonita ya que afirma que podríamos tener un potencial ilimitado y casi alienígena (como en la película Lucy). Sin embargo, la realidad es que utilizamos el cerebro casi en su totalidad tanto en elementos que reconocemos como la consciencia y otros que no notamos, también lo usamos para los sentidos, para reconocer las formas y para pensar.

 Precisamente aquí puede encontrarse el origen del mito, ya que si sólo usamos una parte del cerebro para pensar puede dar pie a que usemos una mayor parte, sin embargo las demás partes ya tienen una función y un uso, por tanto no, no es física ni teóricamente posible realizar esto, por eso es un mito.

 El azúcar vuelve a los niños hiperactivos

 No hay nada de verdad en esta afirmación tan repetida. Se han realizado pruebas y estudios y todos han llegado a la misma conclusión. El azúcar no es cafeína, como mucho los niños pueden notar cierta indisposición si han comido mucho azúcar y lo más seguro es que los padres asocien esa sensación a que el famoso mito.

 Otra posibilidad al origen de este mito puede ser el hecho que los niños disfruten tanto de las golosinas o caramelos, y es que su cerebro tiende a asociarlos como un premio y como sabemos el gusto cambia con la edad, por eso disfrutamos más las chucherías de pequeños y los cocidos de mayores, por poner dos ejemplos.

 Por tanto cuando los niños reciben ese premio puede que estén más inquietos ya que se trata de una comida que les resulta placentera. Pero físicamente está demostrado que el azúcar no vuelve hiperactivos a los niños, aunque a todo esto hay que tener en cuenta que en personas mayores sí que se ha demostrado cierta correlación entre azúcares e hipertensión.

Tenemos cinco sentidos

A lo mejor rompemos los esquemas de muchas personas con esto pero no, no sólo tenemos cinco sentidos sino muchos más, hasta 26 sentidos según la neurociencia contemporánea.

 Aquí nos encontramos con un problema de definición básico. ¿A qué llamamos sentido?. Podemos decir que a todo lo que notamos y recibimos de nuestro entorno por diferentes áreas. Las tradicionales son cinco: Vista, tacto, oído, gusto y olfato. Pero si nos damos cuenta, nuestro sistema recepctivo está formado por muchos más.

 La neurociencia establece por tanto tres tipos de sentidos: los mecánicos (en los que entraría el tacto, la kinestesia, la sensación térmica, equilibrio o el auditivo), los químico (Sabor, olfato, reacciones del cuerpo como puede ser al ponerse una crema de menta) y los visuales (vista, propiocepción). 

 Pero aún así solemos intercalar varios sentidos a la vez cuando tenemos una experiencia. Por ejemplo al comer, buena parte de nuestra percepción depende del sentido visual y olfativo porque si un plato nos parece repugnante, condicionamos su sabor ya que estamos preparando nuestras glándulas a lo que está por venir.

Los factores genéticos influyen en cómo nos comportamos

 Hace siglos, se creía que el hijo de un criminal debía heredar el “mal” y por tanto era carne de cañón para convertirse en asesino o algo parecido. De la misma forma que el hijo de un panadero no podía ejercer otro trabajo que el de ser panadero, por poner un ejemplo. 

Esta idea de que los hijos son réplicas de los padres ha estado presente desde los albores de la humanidad, por tanto es muy difícil desterrarla de nuestros pensamientos, sin embargo tiene una nula base científica.

 Lo cierto es que a día de hoy es una afirmación que suena ridícula pero que sigue estando presente en la sociedad. No en vano, hay numerosos casos de personas que creen pueden ser como sus padres, y cuando tu padre es un criminal, este hecho puede acarrear problemas psicológicos que van desde el miedo a uno mismo a traumas de diversos grados.

 No hace falta decir que no existe un gen que heredemos en cuanto a comportamientos y la personalidad tampoco se hereda. Otra verdad que es mentira.

 Es peligroso despertar a un sonámbulo

 Otro mito muy arraigado en la cultura popular aunque su origen es ciertamente entendible. Se cree que el sonambulismo se produce en momentos muy raros, cuando el cerebro está en fase de sueño pero a la vez es lo suficientemente activo para movernos, por tanto recreamos mecánicamente lo que sucede en el sueño.

 Aunque la creencia popular es que podemos inducir al sujeto a problemas psicológicos o de locura, lo cierto es que es una falsedad. Lo único que si sucederá es que el sujeto se mostrará confundido e incluso tenga miedo ante una situación en la que no sabe qué ocurre, pero nada más.

 Esto es debido a que se le despierta cuando está en una fase de sueño profunda, sin embargo no tiene por qué haber más implicaciones que la de estar un poco perdido los primeros minutos.

¿Qué os han parecido estos hechos que se consideran verdad pero son mentira? Nos importa tu opinión, déjanos un mensaje.

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