Vivir con incertidumbre

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Vivimos en una época en la que la incertidumbre es la norma general. Crisis, pandemias o problemas laborales pueden generar inseguridad sobre lo que va a pasar en el futuro. Además, el estilo de vida moderno, en el que podemos tener lo que queremos en el momento, no ayuda a generar la paciencia necesaria para este tipo de situaciones.

La incertidumbre, y el no saber lidiar con ella, puede provocar estrés y sensaciones de nerviosismo. Al hecho de no saber lidiar con lo que va a pasar se le denomina intolerancia a la incertidumbre. La intolerancia a la incertidumbre se refiere a las creencias negativas asociadas a la incertidumbre y a lo que implica. Es, también, una intolerancia a la ambigüedad, a no aceptar la posible resolución negativa de un evento, por improbable que sea.

La intolerancia a la incertidumbre se ha relacionado con problemas psicológicos de diferente índole, tales como trastornos de ansiedad, de depresión, obsesivos, etc. Esto no quiere decir que por no tolerar bien la incertidumbre tengamos alguno de estos trastornos, pero sí quiere decir que es un factor que nos puede predisponer a tenerlo, como hay muchos otros.

Los humanos somos seres a los que nos gusta mantener el control. Pero ¿qué hacer cuando las circunstancias nos impiden mantener el control sobre algo? En ocasiones, lo que haremos será, bajo cualquier circunstancia, intentar mantener el control sobre el evento. Para ello, es posible que pongamos en marcha estrategias que nos quiten ese desasosiego generado por la situación, como intentar evitarla cualquier costa. Por ejemplo, si notamos que nos ha salido un bulto en alguna parte del cuerpo, el solo hecho de pensar en pedir cita para el médico puede ponernos nerviosos por las implicaciones que tiene (pido cita porque puede tratarse de un problema; sería aceptar que me ha salido algo extraño, etc.). Por tanto, para mantener el control y evitar el malestar que nos produce esto, quizás decidamos postergar el pedir cita, por no sentirnos mal.

Sabiendo cómo nos afecta la incertidumbre y algunos de los errores que podemos cometer ante esta, ¿cuáles son las mejores estrategias para lidiar con ella? Existe distintos modos según cuál sea nuestra situación:

Incertidumbre al tomar una decisión

Podemos encontrarnos en la encrucijada de tener que elegir entre dos opciones, en la que no sabemos muy bien cuál de ellas es la correcta o la mejor. ¿Es mejor entrar en esta universidad o en esta otra? ¿Cuál de las dos ofertas de trabajo me conviene más?

Ante este escenario, generante de estrés, debemos finalizar por tomar una decisión. Para ello, y con el objetivo de elegir la mejor de las opciones, debemos comenzar por definir cuál es el problema en cuestión. Por ejemplo: no sé qué Universidad me conviene más para estudiar lo que quiero; por un lado, puedo ir a una en mi Comunidad, siendo más barato; por otro, otra en otra Comunidad, saldría más cara, aunque tiene más prestigio.

Una vez definido el problema, debemos generar diferentes opciones de respuesta para solucionarlo. ¡Sé creativo! A modo de ejemplo, no debemos quedarnos simplemente con aceptar una u otra universidad: estudiar en la universidad más cara y, además, trabajar; estudiar en la universidad más cercana y, con el dinero que me ahorre, estudiar otros cursos; estudiar en la universidad lejana y viajar a mi ciudad de origen cada fin de semana, etc. Estas opciones no hay que evaluarlas en el momento, solo hay que proponer diferentes ideas, variadas.

Cuando tengamos ya varias opciones, entonces debemos analizar los pros o y los contras de cada una de ellas de forma puramente racional, pero también subjetiva, es decir, lo bien o mal que nos sentiríamos con cada decisión. Así, elegiríamos la que más se adapte a nuestro problema.

Una vez elegida la opción, la pondremos en marcha e iremos verificando si ha sido la opción correcta o no.

En ocasiones, puede ser que no haya una solución ideal para un problema. De todos modos, hemos de elegir alguna, sin llegar a rumiar sobre algo que no tenemos certeza. Hemos de tener en cuenta que tomamos la decisión con la información que teníamos en ese momento; es fácil, pasado el tiempo, saber si fue correcta o no, según la información que hayamos ido obteniendo después, pero no podemos viajar al futuro.

Lo que provoca mi incertidumbre no depende de mí

Es posible que la fuente de mi incertidumbre no dependa de una decisión que tenga que tomar, sino que se trata de un estado en el que la fuente de incertidumbre es ajena a nuestras decisiones. En línea con lo comentado anteriormente, vivimos en una sociedad en la que tenemos lo que queremos casi en el momento; es decir, minamos nuestra capacidad de espera para obtener lo que queremos, pues normalmente es casi instantáneo (p.e.: quiero un helado y veo una tienda y me lo compro; quiero un móvil y en un día lo tengo en casa).

Siguiendo el ejemplo de acudir o no al médico por un bulto que hemos notado, imaginemos que ya nos han hecho las pruebas y los resultados tardan 15 días. Se trata de una fuente de incertidumbre por saber si los resultados son negativos o positivos, pero no podemos hacer nada para adelantar la fecha de los resultados o por saberlos antes. Ante esto, el saber popular dirá que pienses en positivo o, directamente, que no pienses en ello. Pero ¿es esto una forma correcta de lidiar con la situación de incertidumbre?

Respondiendo a la pregunta, con ese tipo de afirmaciones no hacemos más que intentar mantener el control sobre lo que no lo tenemos. Así, una estrategia que más beneficiosa sería aceptar la situación tal y como es, por negativa que sea. Debemos comprender que las emociones que estemos sintiendo en esos momentos de incertidumbre son normales, y como tal, no debemos juzgarlas ni evitarlas. Al intentar reprimirlas, es posible que vuelvan con más fuerza.

A todo esto, le debemos sumar la capacidad de centrarse en el momento presente, no en el sentido trillado de “vive el momento”, sino más específico: vivir sin juzgar las emociones que estemos sintiendo y poniendo nuestra atención plena en lo que estemos haciendo en cada momento.

Estos conceptos son de lo que llamamos mindfulness o atención plena. Si quieres saber más, te recomendamos leer este artículo.

La incertidumbre me crea mucha ansiedad y nerviosismo

Los procedimientos anteriores, basados en mindfulness, pueden ayudar con esta problemática. Sin embargo, hay otras técnicas para conseguir relajarnos, como el entrenamiento en respiración o en relajación muscular progresiva.

El objetivo de la relajación muscular es aprender a detectar aquellas zonas que, sin darnos cuenta, tenemos tensas debido a nuestro estado de nerviosismo. Al final, tras aprender a diferenciar una zona en estado tenso frente a relajado (cuello, zona del estómago, etc.), podremos revisar mentalmente qué partes tenemos tensas para relajarlas, ayudando a calmar nuestra sensación de ansiedad. Te dejamos unos ejercicios sencillos para practicar relajación muscular en este enlace.

Si estás viviendo momentos difíciles, de especial incertidumbre, y te está afectando en lo personal, laboral o social, te animamos a ponerte en contacto con nosotros.

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