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Apuntarlo para dejar de pensarlo: por qué usamos recordatorios para liberar nuestra memoria

Descarga cognitiva y uso de recordatorios en Psytel" title="Descarga cognitiva y uso de recordatorios en Psytel

Estás trabajando y recuerdas que por la tarde tienes que hacer una llamada. Durante un rato intentas mantenerlo en la cabeza: «que no se me olvide llamar». Al poco tiempo vuelve a aparecer el pensamiento. Finalmente coges el móvil, programas una alarma y continúas con lo que estabas haciendo.

También ocurre cuando hacemos una lista de la compra, anotamos una cita en el calendario, dejamos una bolsa junto a la puerta para acordarnos de llevarla o escribimos una idea antes de continuar con otra tarea.

Estas pequeñas estrategias tienen algo en común: trasladamos parte del trabajo que estaba haciendo nuestra memoria a un elemento externo.

En psicología este fenómeno se conoce como descarga cognitiva. Consiste en utilizar acciones, objetos o herramientas externas para reducir las demandas que una tarea impone a nuestros propios recursos cognitivos. Y, lejos de ser necesariamente una señal de mala memoria, puede ser una estrategia eficaz para utilizar mejor unos recursos mentales que son limitados. Si te sientes abrumado por la saturación mental o la rumiación constante, puedes visitar nuestro blog de psicología o conocer más sobre cómo trabajamos en Psytel.

Nuestra memoria no tiene por qué hacerlo todo

A lo largo del día acumulamos una gran cantidad de pequeñas intenciones: responder un mensaje, comprar algo al salir del trabajo, entregar un documento, acordarnos de una cita o llevar determinado objeto al día siguiente.

Mantener todas esas tareas activas mentalmente tiene un coste.

Una solución consiste en modificar nuestro entorno para que sea él quien nos proporcione la información cuando la necesitemos. Una alarma nos avisa a una hora determinada, una nota nos recuerda qué teníamos que comprar y colocar las llaves encima de un paquete puede hacer que lo veamos justo antes de salir de casa.

Los estudios experimentales muestran que crear recordatorios externos puede aumentar la probabilidad de completar correctamente las acciones que habíamos planeado, especialmente cuando tenemos que mantener varias intenciones al mismo tiempo o existen distracciones.

En cierto modo, dejamos de pedirle a nuestra memoria que recuerde constantemente algo y hacemos que el entorno nos lo recuerde en el momento adecuado.

Apuntarlo mentalmente también puede permitirnos dejar de repetirlo

A veces una tarea pendiente reaparece una y otra vez en nuestra cabeza porque todavía necesitamos asegurarnos de que no se nos olvide.

Escribirlo no elimina necesariamente el pensamiento de manera inmediata, pero sí cambia las condiciones de la tarea: ya no dependemos exclusivamente de mantener esa información en nuestra memoria.

Esto puede permitir que los recursos cognitivos se utilicen para otras cosas. La investigación sobre descarga cognitiva señala que las personas recurrimos con mayor frecuencia a herramientas externas cuando aumenta la cantidad de información que debemos mantener o cuando percibimos que confiar únicamente en nuestra memoria requiere demasiado esfuerzo.

Por eso hacer una lista puede producir cierta sensación de alivio. El problema sigue existiendo, pero ya no necesitamos mantener todos sus detalles activamente en la cabeza.

No solo descargamos la memoria en el móvil

Aunque actualmente muchas de estas estrategias pasan por el teléfono, la descarga cognitiva existe desde mucho antes de las aplicaciones de calendario.

Una agenda, un post-it, una lista escrita a mano o un objeto colocado en un lugar poco habitual cumplen una función similar.

De hecho, utilizamos continuamente nuestro entorno para facilitar el pensamiento: hacemos cuentas en un papel, señalamos con el dedo para no perder una línea, utilizamos mapas para orientarnos o agrupamos objetos para saber cuáles ya hemos contado.

La descarga cognitiva, por tanto, no consiste simplemente en «guardar cosas en el móvil». Es una manera mucho más amplia de organizar el entorno para que una parte del trabajo mental no tenga que realizarse exclusivamente dentro de nuestra cabeza. Si notas que la fatiga mental interfiere en tu día a día, te invitamos a contactar con nosotros para recibir orientación profesional.

¿Por qué algunas cosas las apuntamos y otras no?

Nuestro cerebro realiza continuamente pequeñas decisiones sobre cuándo merece la pena confiar en la memoria y cuándo conviene utilizar una ayuda externa.

En ellas influyen cuestiones como la dificultad de la tarea, cuánto confiamos en nuestra memoria, el esfuerzo necesario para crear el recordatorio y las consecuencias que tendría olvidarnos.

La investigación muestra, además, que la confianza que tenemos en nuestra propia capacidad para recordar influye en nuestra tendencia a utilizar ayudas externas. Cuando creemos que nuestra memoria puede fallar, somos más propensos a crear recordatorios, aunque esa percepción no siempre coincida exactamente con nuestra capacidad objetiva.

Es decir, apuntar algo no depende únicamente de cuánto recordamos. También depende de cuánto creemos que podemos confiar en que lo recordaremos después.

¿Usar recordatorios hace que nuestra memoria se vuelva más perezosa?

Si sabemos que algo está guardado en un dispositivo o escrito en una lista, podemos dedicar menos esfuerzo a memorizarlo internamente.

Algunos estudios han encontrado que externalizar información puede reducir posteriormente el recuerdo de aquello que hemos delegado.

Pero eso no significa que utilizar ayudas externas deteriore automáticamente nuestra memoria.

La descarga también puede liberar recursos que después utilizamos para procesar otra información. Externalizar información puede tener costes para el recuerdo de determinados contenidos, pero también beneficios para el rendimiento y para otros procesos cognitivos.

Cuando el recordatorio también puede fallar

Las herramientas externas tampoco son infalibles. Podemos escribir una tarea y no volver a mirar la lista, crear tantas alarmas que terminemos ignorándolas o guardar información en tantos lugares diferentes que después no sepamos dónde buscarla.

Por eso un recordatorio resulta especialmente útil cuando aparece en el momento y en el lugar en los que podemos realizar la acción.

La investigación muestra que las personas podemos aprender a utilizar los recordatorios de manera más estratégica, teniendo en cuenta tanto nuestra capacidad como las características de la tarea.

El objetivo, por tanto, no es crear más recordatorios, sino crear los que realmente necesitamos.

Utilizar el entorno también es una forma de pensar

A veces consideramos que una persona organizada es aquella capaz de acordarse de todo sin ayuda.

Sin embargo, una buena organización puede consistir justamente en lo contrario: no depender innecesariamente de la memoria para aquello que podemos organizar de otra manera.

Una lista evita tener que repasar mentalmente diez productos. Una alarma permite centrarse en lo que estamos haciendo hasta que llegue el momento de cambiar de tarea. Dejar algo junto a la puerta convierte una intención abstracta en una señal visible que aparecerá cuando realmente podamos actuar.

Estas estrategias no sustituyen necesariamente nuestra capacidad cognitiva. En muchas situaciones simplemente nos permiten distribuir mejor nuestros recursos.

Quizá por eso sentimos cierto alivio después de escribir una lista de cosas pendientes. Las tareas siguen ahí, pero ya no tienen que competir constantemente por permanecer dentro de nuestra cabeza.

Referencias bibliográficas

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