10 Feb Cuando tu autoestima depende de los demás
Hay personas cuyo estado emocional cambia constantemente en función de cómo les tratan los demás. Un comentario puede tranquilizarlas, un gesto puede generar inseguridad y un silencio puede activar ansiedad intensa. No porque sean “demasiado sensibles”, sino porque su autoestima depende en gran medida de la validación externa.
Cuando esto ocurre, la forma en la que uno se siente consigo mismo no nace de dentro, sino que está condicionada por miradas, respuestas, aprobación o rechazo. El resultado es una autoestima frágil, inestable y muy vulnerable al entorno.
¿Cómo se manifiesta una autoestima dependiente?
Algunas señales frecuentes son:
- Necesidad constante de aprobación o confirmación externa
- Miedo intenso a decepcionar o ser rechazado
- Dificultad para poner límites por temor a perder al otro
- Tendencia a adaptarse excesivamente
- Cambios bruscos de estado de ánimo según la reacción ajena
Muchas personas viven esto como si fuera parte de su personalidad: “siempre he sido así”, “me afecta mucho lo que piensan de mí”. Sin embargo, no es un rasgo fijo, sino un patrón psicológico aprendido.
¿De dónde surge esta forma de valorarse?
En terapia es habitual observar que este tipo de autoestima se construye en relaciones tempranas donde el afecto no era del todo seguro o estable. Contextos en los que:
- El cariño dependía del comportamiento
- Se premiaba cumplir expectativas
- El error o la diferencia generaban distancia emocional
En estos entornos, la persona aprende que para ser querida debe agradar, adaptarse o cumplir. Con el tiempo, deja de preguntarse “qué necesito yo” y empieza a preguntarse constantemente “qué esperan de mí”.
Así, el propio valor se mide desde fuera. La mirada del otro se convierte en el principal regulador emocional.
Cómo se mantiene el problema en la vida adulta
Imaginemos a una persona que, tras enviar un mensaje, revisa el móvil repetidamente esperando respuesta. Si el otro contesta rápido, se siente tranquila. Si tarda, aparece ansiedad, inseguridad y autocrítica. No es el mensaje lo que genera el malestar, sino la interpretación interna: “si no responde, algo va mal conmigo”.
Este mecanismo se repite en relaciones de pareja, amistades, familia o trabajo, generando un estado constante de alerta emocional. Vivir así resulta agotador y aumenta el riesgo de ansiedad, dependencia emocional y baja autoestima.
¿Cómo se trabaja esto en terapia?
El trabajo terapéutico no consiste en dejar de vincularse ni en volverse indiferente a los demás, sino en construir una base interna más sólida desde la que relacionarse.
En consulta se trabaja, entre otras cosas:
- La identificación de creencias nucleares sobre el propio valor
- El origen relacional de esas creencias
- La reestructuración cognitiva de pensamientos como “si no me aprueban, no valgo”
- El entrenamiento en autovalidación emocional
- El fortalecimiento de límites y autonomía afectiva
Por ejemplo, una persona puede aprender a detectar cuándo está buscando aprobación automática y a preguntarse, antes de mirar fuera, cómo se siente ella con lo que ha hecho o dicho. Este cambio, que parece sencillo, suele requerir un proceso terapéutico guiado, porque toca aprendizajes muy profundos.
Construir una autoestima más estable
Una autoestima sana no implica dejar de necesitar a los demás, sino no depender exclusivamente de su respuesta para sentir que uno vale. Significa poder sostenerse emocionalmente incluso cuando el otro no valida, no responde o no está de acuerdo.
Este proceso no se logra solo con entenderlo racionalmente. Cuando la validación externa ha sido durante años la principal fuente de seguridad, aprender a validarse internamente requiere acompañamiento, tiempo y trabajo terapéutico.
En terapia, ese espacio se construye de forma progresiva y segura, ayudando a la persona a relacionarse consigo misma desde un lugar más firme y menos condicionado por la mirada ajena.