Qué es el duelo patológico

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El 1 de noviembre se celebra el Día de Todos los Santos, una fiesta solemne de la iglesia católica para rememorar a todos los difuntos. Asimismo, la Víspera de Todos los Santos o Halloween es una celebración internacional que tiene lugar el día anterior, es decir, el 31 de octubre, y cuyo objetivo es también recordar a los muertos. Ambas celebraciones suponen un homenaje a nuestros difuntos.

La pérdida siempre es complicada y conlleva un proceso de duelo en los seres queridos de la persona fallecida que, una vez superado, nos permite realizar estas celebraciones y acordarnos de nuestros seres más cercanos de una forma menos dolorosa. Sin embargo, hay veces que este proceso no transcurre de manera común y el sufrimiento acompaña a la persona que está llevando a cabo el duelo durante más tiempo del necesario.

El duelo es el estado que surge con la pérdida, por causa de muerte, de alguien con quien uno ha tenido una estrecha relación, y que incluye una serie de respuestas de pena y de luto (APA, 2014).

Cuando este malestar se prolonga en el tiempo (al menos 12 meses en adultos) e interfiere negativamente en la vida de una persona se considera que el duelo se ha complicado y, en este caso, se denomina Trastorno de duelo complejo persistente (APA, 2014). Este trastorno se caracteriza por el anhelo/añoranza persistente del fallecido, la pena y el malestar emocional intensos en respuesta a la muerte, la preocupación en relación al fallecido o la preocupación acerca de las circunstancias de la muerte. Además, deben cumplirse al menos 6 de los siguientes síntomas durante un año para considerar este diagnóstico: (1) importante dificultad para aceptar la muerte, (2) experimentar incredulidad o anestesia emocional en relación a la pérdida, (3) dificultades para rememorar de manera positiva al fallecido, (4) amargura o rabia en relación a la pérdida, (5) valoraciones desadaptativas acerca de uno mismo en relación al fallecido o a su muerte, (6) evitación excesiva de los recuerdos de la pérdida, (7) deseos de morir para poder estar con el fallecido, (8) dificultades para confiar en otras personas desde el fallecimiento, (9) sentimientos de soledad o desapego de otros individuos desde la muerte, (10) sentir que la vida no tiene sentido o está vacía sin el fallecido, (11) confusión acerca del papel de uno en la vida) y (12) dificultad o reticencia para mantener intereses o hacer planes de futuro desde la pérdida. (APA, 2014)

Factores de riesgo

Se considera factor de riesgo a todo aquello que rodea a una persona, como podría ser las acciones que realizan o el estilo de vida desarrollado por ésta, que se conoce que tiene relación con determinado trastorno o enfermedad debido a la literatura científica al respecto. En el caso que hoy nos atañe, los factores de riesgo relacionados con el duelo aumentarían los peligros sobre la salud personal, así como el tiempo dedicado a convivir con el mismo.

Además, dentro de los factores de riesgo, se pueden encontrar diferencias entre ellos, que serían los que existen entre los que afectan directamente a la situación del duelo factores de riesgo específicos), y otros que pueden actuar de moduladores, no solo en el duelo, sino en otras afecciones (factores de riesgo moduladores).

En el apartado de factores de riesgo moduladores, el apoyo social es uno de los más notables, ya que no solo afecta a la mejora y la velocidad de recuperación del duelo, sino que puede contribuir a que otras afecciones puedan verse mejoradas. Además, se ha encontrado que el factor socio-económico no tendría una relación directa con el duelo complicado.

Por otro lado, entre los factores de riesgo específicos, que la causa de la muerte sea de forma súbita, aumenta las probabilidades del desarrollo de un duelo complicado, en comparación con lo que sería una muerte debido a una enfermedad desarrollada durante largo tiempo.

Prevención del duelo complicado  

Como se ha visto en el punto anterior, uno de los aspectos que se ha destacado sería el apoyo social, que contribuiría a cumplir las funciones amortiguadores de la carga emocional presente ante la pérdida de un ser querido.

En cuanto a los aspectos encontrados en cuanto a la prevención del duelo complicado, se han encontrado distintas variables psicológicas que mediarían en la gestión del duelo para la no derivación a un duelo complicado. Entre éstas pueden encontrarse características como el denominado crecimiento post-traumático, personalidad fuerte o resiliencia, así como la dependencia desarrollada con la persona fallecida, que podría traducirse en en un duelo crónico por parte de la persona que lo está pasando.

Otro de los factores destacados por los autores que han investigado en este aspecto sería la intervención individualizada y personalizada en el paciente, ya que abordar el tema que hoy nos incumbe a nivel global podría perjudicar otras áreas que se consideran de normal afectación en un proceso de duelo.

Dentro de esta prevención individualizada podrían encontrarse aspectos comunes a todos, como pueden ser, la expresión emocional, el desarrollo de otros roles además de ser la persona encargada de realizar los cuidados, normalizar los pensamientos de deseo de muerte del ser querido que está sufriendo, facilitar los rituales para despedirse de la persona que va a fallecer, etc.

Referencias bibliográficas

American Psychiatric Association. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5®) (5 ed.). American Psychiatric Publishing.

Gil-Julià, B., Bellver, A. & Ballester, R. (2008). Duelo: Evaluación, Diagnóstico y Tratamiento. Psicooncología, 5(1). 103-116.

Barreto, P., de la Torre, O. & Pérez-Marín, M. (2012). Detección de Duelo Complicado. Psicooncología, 9(2-3). 355-368.

 

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