El arte de saber comunicarnos

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Las personas somos seres sociables por naturaleza. A través de las relaciones sociales aprendemos a convivir con los demás, a relacionarnos y comunicar, a crecer como personas, a desarrollar nuestra personalidad y nuestra inteligencia y obtenemos muchos otros beneficios.

Uno de los más importantes es que relacionarnos con otras personas supone una de nuestras principales fuentes de bienestar. Necesitamos pertenecer a un entorno social (familia, pareja, trabajo, amigos, etc.) y tener relaciones positivas.

Ahora bien, ¿nos relacionamos con las demás personas de la mejor forma posible? En muchas ocasiones, de la interacción con los demás surgen conflictos.

Ya sea por diferencias de opinión, criticas o malentendidos, por poner algunos ejemplos, estos conflictos nos generan malestar, un malestar que puede que si hubiéramos guiado la conversación de otra manera (con mayor empatía, asertividad, realizando críticas constructivas, etc.) podríamos habérnoslo ahorrado. A estos recursos se los denomina habilidades sociales. 

Habilidades sociales 

Las habilidades sociales son el conjunto de comportamientos que realizamos en situaciones de interacción social. Se ponen en marcha con el objetivo de expresar sentimientos, pensamientos, creencias u opiniones y nos permiten relacionarnos de forma satisfactoria con los demás sea cual sea el contexto.

La puesta en práctica de estas habilidades generalmente nos permite resolver conflictos de forma eficaz y, del mismo modo, nos permite evitar posibles conflictos futuros.

Poseerlas facilita que nos expresemos adecuadamente, que comprendamos y respetemos las necesidades y opiniones de los demás y, todo ello favorece que desarrollemos una autoestima positiva, que nos adaptemos a nuestro entorno social y, por tanto, contribuye a mejorar nuestra calidad de vida. 

Por el contrario, tener un déficit en estas habilidades implica que el número de conflictos con nuestro entorno aumente y con ello, que sintamos que aparecen emociones negativas como ansiedad, frustración e ira, haciendo que lleguemos a sentirnos rechazados, incomprendidos, menospreciados e infravalorados. 

Las habilidades sociales implican muchos comportamientos que van desde el lenguaje no verbal (la postura, los gestos, la expresión facial, el tono de voz, entre otros) hasta comportamientos algo más complejos como son la empatía, la capacidad de iniciar y mantener conversaciones, dar nuestra opinión, realizar y recibir críticas o la capacidad de rechazar peticiones de otras personas sin herirlas, por mencionar algunas. 

Dentro de estas habilidades, una de las más importante (y con la que se suele tener más problemas) es la comunicación asertiva. 

Asertividad.

Existen diferentes estilos comunicativos de los que todos hemos oído hablar de una manera más formal o de un modo más coloquial: los pasivos, los agresivos, la combinación de estos dos, los pasivo-agresivos y, por último, los asertivos. 

Los tres primeros estilos comunicativos mencionados tienen en común que, cada uno a su manera, no expresan adecuadamente lo que sienten o desean, tiene problemas a la hora de recibir peticiones, criticas o de defender sus derechos, tienen mayor insatisfacción en lo que respecta a sus relaciones sociales y experimentan una amplia gama de emociones negativas como ansiedad, frustración, tristeza, ira, resentimiento, rechazo, etc.  

Por el contrario, la asertividad es la capacidad de expresar a los demás nuestras emociones, pensamientos, opiniones o creencias de una manera eficaz, respetando la opinión de los demás, sin sentirnos incomodos por ello, sin tratar de imponer nuestra postura y sin hacer daño a los otros con nuestras opiniones.

En resumen, consiste en defender nuestros derechos de expresión sin pretender manipular al otro y sin dejar que nos manipulen o menosprecien nuestra opinión.

Comunicarnos de forma asertiva mejora la autoestima ya que aumenta la sensación de confianza en uno mismo al percibir que somos capaces de comunicarnos de forma adecuada y de lograr que los demás nos comprendan.

Por otro lado, reduce la posibilidad de que surjan conflictos, cuando estos se dan  de forma irremediable nos aporta herramientas para manejarlos y favorece a que nos sintamos respetados.

Por último, es importante saber que estas habilidades las aprendemos y desarrollamos a lo largo de nuestra vida, e igual que se aprenden, se pueden “desaprender”.

Es decir, si identificamos que nuestra forma de relacionarnos con los demás suele ser un motivo de conflicto y una fuente de malestar para nosotros, con un trabajo adecuado podemos aprender y entrenar las habilidades sociales para así modificar nuestro estilo comunicativo y aumentar los aspectos positivos que surgen de la interacción con los demás. 

Esperamos que estas claves sobre cómo comunicarnos y su importancia hayan resultado interesantes y te hayan ayudado. Para cualquier consulta no dudes en escribirnos a info@psytel.es o llamarnos al 915623947

Autora: Alejandra Sánchez García- Monzón

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